Cali, noviembre 4 de 2026. Actualizado: miércoles, noviembre 4, 2026 13:11
Colombia necesita resultados contundentes contra las grandes organizaciones criminales, más allá de los operativos urbanos y las demostraciones de destreza militar.
Presidente, el blanco es el terrorismo
El atentado con explosivos perpetrado este miércoles contra el peaje de Media Canoa, en Yotoco, Valle del Cauca, confirma la gravedad de la amenaza terrorista que enfrenta Colombia. Aunque no hubo víctimas, este nuevo ataque demuestra la vulnerabilidad de la infraestructura y la seguridad ciudadana.
El hecho ocurre apenas unos días después del atentado terrorista perpetrado en Planadas, Tolima, durante el puente festivo, que dejó cuatro personas muertas, entre ellas dos menores de edad, 18 heridas y 177 viviendas afectadas, una acción demencial, atribuida preliminarmente a disidencias de las Farc.
Esta ofensiva criminal representa un desafío directo al Estado y amenaza con agravar las consecuencias del conflicto sobre la población civil.
Por eso, resulta inevitable contrastar esta realidad con las imágenes del presidente Abelardo De la Espriella practicando tiro con fusil y pistola en el Fuerte Militar de Tolemaida.
Ojalá esa preparación se traduzca pronto en resultados contundentes contra las organizaciones terroristas.
De la Espriella ha encabezado megaoperativos contra la delincuencia urbana que han producido resultados importantes.
Sin embargo, esa labor debe continuar bajo la responsabilidad de la Policía y el jefe de Estado debe dedicarse a desafíos mucho mayores.
Colombia eligió a De la Espriella, en buena medida, por su promesa de mano dura contra el crimen, en contraste con la permisividad que caracterizó la política de seguridad del gobierno de Gustavo Petro y que permitió a las organizaciones ilegales ganar terreno.
Es cierto que apenas han transcurrido tres meses y que el actual gobierno ha ejecutado operaciones militares contra estas estructuras, pero el país sigue esperando golpes decisivos contra sus principales cabecillas y, especialmente, una reducción verificable de su capacidad para cometer atentados.
La utilización creciente de drones explosivos exige fortalecer urgentemente la inteligencia, la anticipación y los sistemas de defensa.
No basta con reaccionar después de cada tragedia, hay que impedir que los ataques ocurran.
El presidente no necesita demostrar su puntería, necesita demostrar que su estrategia puede desarticular las organizaciones criminales, neutralizar sus amenazas y proteger a los colombianos.
La verdadera prueba de autoridad no está en un polígono, sino en impedir que los terroristas sigan convirtiendo a la población civil en blanco de sus ataques.

