Cali, febrero 6 de 2026. Actualizado: viernes, febrero 6, 2026 17:43
Elegir bien exige mirar quién financia y para qué
Plata, poder y votos
A un mes de las elecciones legislativas y de las consultas presidenciales, y a menos de cuatro meses de la primera vuelta presidencial, Colombia entra en una etapa decisiva.
No solo se trata de escoger nombres o partidos, sino de revisar con cuidado los poderes que están detrás de cada candidatura.
Las versiones conocidas tras la extradición de alias ‘Pipe Tuluá’ sobre supuesta entrega de dinero para la campaña del presidente Gustavo Petro, ciertas o no, reabrieron un debate que nunca debería cerrarse: el de la financiación de las campañas, no por el impacto mediático del caso, sino por lo que representa para la democracia.
Cuando una campaña recibe recursos de origen ilegal, el problema no es solo jurídico, es ético, político y social.
La financiación ilegal rompe el equilibrio de la competencia democrática. Permite campañas con ventajas indebidas y distorsiona la voluntad del elector.
Pero, además, compromete el ejercicio futuro del poder, porque quien llega financiado por intereses ilícitos no gobierna libremente, gobierna condicionado, y esas cuentas siempre se pagan.
Se pagan desde una curul en el Congreso, con votos alineados a intereses ajenos al país.
Se pagan desde el Ejecutivo, con decisiones que favorecen estructuras ilegales, con silencios cómplices, omisiones calculadas o normas hechas a la medida de quienes pusieron el dinero.
Por eso, en este momento electoral, los ciudadanos deben activar alertas. La primera es desconfiar de los candidatos que exhiben recursos sin explicación.
Campañas con logística desbordada, eventos permanentes, tarimas costosas y publicidad excesiva no siempre son señal de fortaleza política, muchas veces son señal de dinero oscuro.
La segunda alerta está en las prácticas. Cuando aparecen regalos, ayudas “solidarias”, mercados, transportes pagos o dinero en efectivo a cambio del voto, no hay duda, eso no es proselitismo, es corrupción electoral, y quien compra votos, luego vende decisiones públicas.
Colombia no necesita más escándalos después de las elecciones, necesita prevención antes de votar.
Elegir bien implica mirar más allá del discurso y del carisma, implica entender que detrás del candidato siempre hay intereses, y la tarea ciudadana es identificarlos.

