Cali, septiembre 11 de 2026. Actualizado: viernes, septiembre 11, 2026 19:14

La emergencia rural es menos visible, pero amenaza viviendas, ingresos y permanencia en los territorios.

El campo también necesita reconstrucción

El campo también necesita reconstrucción
Foto: Alcaldía de Cali
viernes 11 de septiembre, 2026

Los edificios destruidos y las víctimas mortales concentraron, comprensiblemente, la atención después del terremoto.

Pero, un mes después, la reconstrucción obliga a mirar también hacia donde las pérdidas son menos visibles: el campo.

En pequeños municipios, corregimientos y veredas hay viviendas destruidas o averiadas, cultivos y animales afectados y daños en trapiches, beneficiaderos de café, secaderos, escuelas y puestos de salud.

No hubo allí la misma pérdida de vidas, pero sí un golpe profundo sobre comunidades que, en muchos casos, ya enfrentaban condiciones de pobreza.

Además, mientras existe mayor claridad sobre la magnitud de los daños en los centros urbanos, en algunas zonas rurales todavía se completan censos y caracterizaciones.

Las distancias, los derrumbes y las dificultades de conectividad hicieron más complejo llegar hasta todas las familias. Por eso hay que acelerar.

En el campo, perder una casa puede significar mucho más que quedarse sin techo.

La vivienda suele estar vinculada directamente con la actividad productiva.

Allí están también los animales, las herramientas, los cultivos y las instalaciones de las cuales depende el sustento familiar.

La reconstrucción rural, entonces, no puede limitarse a entregar materiales o levantar nuevamente viviendas, debe recuperar simultáneamente la capacidad de producir ingresos.

Y allí aparece un riesgo que Colombia debe evitar: que los damnificados del terremoto terminen convertidos también en desplazados.

Si una familia campesina pierde vivienda y medios de producción y no encuentra posibilidades de recuperarlos, la alternativa puede terminar siendo abandonar su territorio y buscar oportunidades en las ciudades.

El terremoto debe convertirse, por el contrario, en una oportunidad para volver la mirada hacia el campo.

Reconstruir viviendas dignas, recuperar unidades productivas, mejorar vías y servicios y fortalecer las actividades agrícolas y pecuarias permitiría que estas comunidades permanezcan en sus territorios.

La reconstrucción no estará completa mientras alguna vereda siga esperando ser contada. Hay que reconstruir las ciudades, por supuesto.

Pero también garantizar que quienes viven y producen en el campo puedan quedarse allí y hacerlo dignamente.


El campo también necesita reconstrucción

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