Cali, octubre 2 de 2026. Actualizado: viernes, octubre 2, 2026 19:46
La petición de reforzar la presencia militar responde a un problema que lleva demasiado tiempo creciendo.
La Panamericana necesita seguridad permanente
La vía Panamericana no puede continuar sometida a la capacidad de intimidación de los grupos armados ilegales.
El llamado del gobernador del Cauca, Octavio Guzmán, y del sector empresarial de este departamento para reforzar de manera inmediata la presencia militar y policial en el corredor responde a una situación de seguridad que exige acciones de fondo.
El reciente ataque con explosivos lanzados desde drones contra la Policía de Carreteras en Tunía volvió a demostrar la vulnerabilidad de una vía estratégica.
Por allí circulan diariamente entre seis mil y siete mil vehículos y se movilizan combustibles, gas, alimentos y mercancías hacia Cauca, Nariño y Ecuador.
No se trata, entonces, solamente de proteger una carretera, se trata de garantizar movilidad, abastecimiento, actividad económica y, fundamentalmente, la presencia del Estado.
El Cauca arrastra desde hace años una grave crisis de seguridad, pero durante el gobierno de Gustavo Petro distintas estructuras armadas fortalecieron su accionar y expandieron su control territorial.
Los ceses al fuego y otras determinaciones terminaron representando ventajas para estos grupos.
El cambio de gobierno abre una oportunidad para modificar esa realidad.
El presidente Abelardo De la Espriella puso en marcha una política de mayor ofensiva contra las organizaciones criminales y es necesario que el Cauca sea una de sus prioridades.
Por eso, la solicitud de fortalecer militar y policialmente la Panamericana merece ser atendida con urgencia.
No basta con reforzar la seguridad después de cada atentado y retirarla cuando disminuye la tensión.
Se necesita presencia permanente, inteligencia, tecnología contra los ataques con drones y capacidad de reacción.
Recuperar la Panamericana debe ser, además, parte de un propósito mayor: recuperar para el Estado los territorios en los que los grupos ilegales han construido capacidad de control e intimidación.

