Cali, septiembre 11 de 2026. Actualizado: viernes, septiembre 11, 2026 04:00
Él sabe que su recuperación no cabe en el calendario pero sabe que debe seguir
Foro 5 cumple 20 años después de perder su casa y taller: “Lo difícil no fue perder una pared”
Juan Manuel Chávez extraña cosas que antes ni siquiera tenía que pensar: Levantarse en su casa o saber dónde están sus máquinas, sentarse a trabajar cuando quiere o dejar algo sobre una mesa sin que nadie le diga que debe moverlo.
Encontrar sus telas, sus estampados, sus insumos, dormir en su cama.
Extraña, en realidad, una palabra que suele pasar inadvertida hasta que desaparece: la rutina
“Mi espacio, mi tranquilidad, mi estar, mi rutina. Esa es mi principal batalla”. El terremoto le quitó todo eso en pocos segundos.
Su casa era también el showroom y el taller de Foro 5, la marca de ropa urbana que está cerca de cumplir veinte años.
Una pared del área de trabajo cayó, una máquina se golpeó, algunos insumos se perdieron y otros quedaron atrapados.
Aunque estructuralmente el apartamento no presentó el peor escenario, el riesgo de caída de muros lo hizo inhabitable.
Juan Manuel lo resume de una manera menos técnica: “Quedamos en la calle. Literal”.
Ahora vive con su mamá. Tiene dónde dormir y qué comer gracias a su familia.
Incluso reconoce que su situación es menos grave que la de muchos otros damnificados.
Pero estar a salvo no significa estar bien.
Duerme en un colchón inflable y trata de trabajar en espacios que no son los suyos.
Hay horarios, objetos que no puede dejar donde quisiera, dinámicas familiares a las que debe volver a acomodarse después de haber vivido solo.
Todavía hay cosas adentro que no ha podido sacar porque la escalera está bloqueada.
Algunas máquinas pudieron desmontarse y rescatarse; otras permanecen allí.
La lluvia también entró al apartamento y terminó mojando materiales que habían sobrevivido al terremoto.
Cada vez que regresa a esa zona, recuerda que su vida sigue suspendida.
Juan Manuel la llama “zona cero” y cuando pasa por allí, el ánimo cambia.
Porque una casa no es únicamente aquello que puede cargarse en un camión.
En ese apartamento estaba también la vida cotidiana que había construido y hasta el recuerdo de su perro, que murió hace un año y había compartido ese espacio con él.
“Es tu espacio, es tu mundo, tu lugar de trabajo”. Y su mundo, además, tenía máquinas de coser.
¿Seguir?
Quizá por eso resulta significativo que, cuando vio lo que había quedado después del terremoto, Juan Manuel no se preguntara demasiado si Foro 5 había llegado hasta allí.
Pensó otra cosa: “Rescatar lo que más pueda y seguir”. Llamó a personas para las que trabajaba. Les contó lo ocurrido.
Envió fotografías. “Necesito trabajo. Montemos pedido”.
No pidió que lo esperaran mientras reorganizaba su vida. Pidió trabajo.
Su forma de reconstruirse, al menos por ahora, consiste precisamente en eso: producir.
“Hay gente que necesita en este momento más ayuda, que está muy, muy damnificada. Entonces yo con trabajo puedo ir saliendo adelante”. La frase dice bastante de Juan Manuel.

Porque no es la primera vez que Foro 5 lo obliga a decidir cuánto está dispuesto a insistir. La marca nació casi por accidente.
Juan Manuel es arquitecto. Recién egresado de la universidad, él y dos compañeros se preguntaron qué podían hacer juntos.
Decidieron estampar camisetas. Faltaba un nombre.
Una noche, viendo televisión, Juan Manuel encontró una referencia en el Chavo del Ocho que terminó convirtiéndose en Foro 5.
Él mismo diseñó el logo. Con los años, sus dos amigos tomaron otros caminos y él se quedó con la empresa.
Pero durante mucho tiempo la marca fue apenas una vida paralela. Juan Manuel ejercía como arquitecto y, al regresar a casa, diseñaba ropa.
Participaba en algún desfile, hacía prendas para amigos o lanzaba pequeñas colecciones para que Foro 5 no desapareciera.
La arquitectura era la profesión pero la moda, aquello que realmente le gustaba.
Y entre las dos existía también el peso de una familia tradicional y la idea de que había carreras que parecían ofrecer un futuro más seguro.
La pandemia terminó de empujarlo hacia una decisión que llevaba tiempo aplazando: dedicarse de lleno a Foro 5.
Desde entonces también ha pensado muchas veces en abandonar.
Porque vivir de la moda, dice, implica sacrificio, inversión y temporadas en las que parece que nada alcanza.
Ha pensado: “Ya no puedo más”. Ha imaginado irse a España y empezar otra vida, pero no se ha ido. “Aquí sigo”.
Y esa misma frase apareció después del terremoto: “Aquí sigo”.
Una marca urbana
Foro 5 tiene algo de la personalidad de su creador.
Es una marca urbana, cargada de estampados, mezclas de texturas, referencias a los años ochenta y noventa y cruces inesperados entre prendas deportivas y piezas más clásicas.
Mientras las tendencias se vuelven beige, blancas o negras, Juan Manuel insiste en el color, porque para él Cali también es eso.

Y quizá resulte inevitable encontrar cierta correspondencia entre esa manera de diseñar y su manera de enfrentar este momento: no parece interesado en crear una colección sobre la tragedia ni en convertir el terremoto en estrategia comercial.
Quiere volver a hacer lo que hacía, recuperar clientes, conseguir pedidos y producir, volver a una normalidad que sabe que no será inmediata.
“Como si no hubiera pasado, entre comillas, pero sé que está ahí”. Ahí está la dificultad.
Seguir mientras aquello que ocurrió continúa presente.
Durante la primera semana estuvo irritable. Él mismo se define como explosivo y reconoce que la tensión terminó afectando también a quienes trabajan a su alrededor.
No tener su espacio, intentar producir en lugares prestados y regresar a una zona profundamente afectada han ido desgastándolo.
No pretende convertirlo en una historia bonita. “Es duro volver”, pero vuelve.
Una pasarela
El próximo año Foro 5 cumple veinte años y Juan Manuel ya piensa en celebrarlos con una pasarela.
Antes del terremoto, veinte años podían significar simplemente permanencia, ahora significan otra cosa.
Quiere que ese desfile también sirva para recordar que la recuperación de Cali no terminará cuando desaparezcan las noticias sobre el terremoto.
Piensa incluso en buscar una manera de recaudar recursos para quienes seguirán necesitando ayuda meses después.
“Es que la recuperación de la ciudad no es en un mes, dos meses, tres meses”.
Tal vez él lo entiende porque su propia recuperación tampoco cabe en un calendario.
Todavía no tiene casa y no tiene taller.
No ha recuperado completamente sus máquinas ni sus materiales, no tiene siquiera aquella rutina que antes parecía tan simple; pero tiene algo que ya había elegido antes de que temblara: sabe a qué quiere dedicar su vida.
Hace algunos años tuvo que escoger entre la arquitectura que había estudiado y la moda que lo hacía feliz.
El terremoto volvió a ponerlo frente a la posibilidad de empezar de cero y esta vez no necesitó pensarlo demasiado.
Rescató las máquinas que pudo. Buscó los insumos que sobrevivieron.
Llamó a sus clientes y pidió trabajo.
No sabe cuándo volverá a tener un espacio propio. Por ahora duerme en un colchón inflable y trata de reconstruir una rutina dentro de una vida prestada.
Pero cuando habla de Foro 5, repite una frase que parece sencilla hasta que se conoce todo lo que hay detrás: “Aquí sigo y no voy a parar”.
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