Cali, agosto 25 de 2026. Actualizado: martes, agosto 25, 2026 21:33

¿Qué pasa cuando nos quedamos con las ayudas para un damnificado?

El karma de quedarse con lo que era para otro

El karma de quedarse con lo que era para otro
Foto: IA
martes 25 de agosto, 2026

Mercados, ropa, dinero, materiales y otros recursos fueron entregados después del terremoto con una intención concreta: aliviar las necesidades de quienes resultaron afectados.

Pero ¿qué ocurre, desde la mirada del karma, cuando alguien que no necesita esas ayudas decide apropiárselas? Algunas tradiciones espirituales entienden el karma no como un castigo inmediato, sino como la consecuencia de nuestros actos y de la intención que existe detrás de ellos.

Tomar lo destinado a una persona vulnerable sería, bajo esta visión, una acción que rompe el equilibrio entre recibir, dar y actuar correctamente.

Después del terremoto, la solidaridad se convirtió en una de las respuestas más poderosas frente a la tragedia.

Miles de personas entregaron mercados, ropa, cobijas, dinero, materiales y tiempo para ayudar a familias que habían perdido sus viviendas, sus negocios o buena parte de aquello que habían construido durante años.

Pero conforme avanzan los días también aparece una situación menos alentadora: personas que intentan recibir ayudas aunque realmente no las necesiten, que reclaman varias veces una misma donación o que aprovechan el desorden propio de una emergencia para quedarse con recursos destinados a los damnificados.

Además del evidente cuestionamiento ético, el asunto puede mirarse desde una perspectiva espiritual.

¿Castigo?

¿Qué dice el concepto de karma sobre apropiarnos conscientemente de algo que estaba destinado a aliviar el sufrimiento de otra persona?

El karma no es simplemente “hacer algo malo y recibir un castigo

Popularmente se habla del karma como una especie de justicia automática: alguien hace algo malo y tarde o temprano “la vida se lo cobra”.

Pero el concepto es mucho más complejo y tiene diferentes interpretaciones dentro de tradiciones religiosas y filosóficas originadas en India.

De manera general, el karma está relacionado con las acciones y sus consecuencias, y en varias de estas tradiciones la intención que acompaña al acto resulta especialmente importante.

Por eso, desde una interpretación espiritual, no sería igual recibir accidentalmente algo que no nos correspondía que saber que una ayuda está destinada a una víctima y decidir conscientemente quedárnosla.

La intención cambia el significado de la acción.

Cuando tomo algo, alguien deja de recibirlo

Pensemos en un mercado destinado a una familia damnificada.

Si una persona que tiene alimentos suficientes logra hacerse pasar por afectada y se queda con él, aparentemente obtiene un beneficio. Tiene más comida sin haber pagado por ella.

Pero la acción no termina allí. Ese mercado es limitado.

Cuando alguien que no lo necesita lo toma, existe la posibilidad de que otra persona que realmente depende de esa ayuda no lo reciba.

Desde la perspectiva del karma, allí estaría una parte esencial de la reflexión: nuestros actos no terminan en nosotros; producen consecuencias sobre los demás.

Y aprovechar deliberadamente la vulnerabilidad colectiva para obtener un beneficio personal genera una cadena completamente diferente a aquella que comenzó con quien hizo la donación.

La intención original de esa ayuda era aliviar

Existe además un elemento simbólico poderoso.

Quien compró una cobija para donar probablemente imaginó a alguien que tenía frío, quien entregó dinero quiso contribuir a reconstruir, quien donó alimentos pensó en una familia que necesitaba comer: La ayuda nació de una intención de solidaridad.

Apropiarse de ella mediante el engaño no significa que el objeto adquiera mágicamente una “mala energía”.

Significa que nuestra acción contradice deliberadamente el propósito solidario que originó ese recurso.

Visto desde el karma, lo relevante no sería la cobija, el dinero o el mercado, sino la decisión que tomamos frente a ellos. “Pero yo también podría necesitarlo después”.

Hay una frase frecuente cuando se entregan ayudas:Me lo llevo por si acaso”.

Desde una perspectiva espiritual, esa expresión también invita a pensar en nuestra relación con la abundancia y la escasez.

Acumular aquello que no necesitamos mientras sabemos que otra persona sí lo necesita puede nacer del miedo: miedo a que después falte, a perder una oportunidad o a no tener suficiente.

El karma propone una pregunta diferente: ¿qué acción estoy sembrando con esta decisión?

Si puedo comprar alimentos y dejo el mercado disponible para una familia que no puede hacerlo, mi decisión también produce una consecuencia.

No tomar puede convertirse en una forma de dar.

No significa que “el terremoto llegará a su casa”

Es importante evitar una interpretación supersticiosa.

Hablar de karma no significa afirmar que quien se quede con una donación sufrirá una enfermedad, perderá dinero, tendrá un accidente o vivirá otra tragedia.

Nadie puede asegurar semejante relación, y las tradiciones del karma son mucho más profundas que la idea de una venganza cósmica inmediata.

Tampoco sería apropiado utilizar la tragedia para amenazar a las personas diciendo que “el universo se lo cobrará”. La reflexión es otra.

Cada decisión construye hábitos, relaciones y maneras de estar frente a los demás.

Si constantemente elegimos sacar ventaja cuando alguien está vulnerable, estamos cultivando una forma de relacionarnos con el mundo.

Y esa conducta puede tener consecuencias personales y sociales muy reales.

También existe el karma de devolver

Supongamos que alguien recibió varias ayudas durante los primeros días porque realmente las necesitaba, pero ahora su situación mejoró.

No tiene que sentirse culpable por haberlas recibido, puede simplemente reconocer que aquello cumplió su propósito y permitir que la cadena continúe.

Si le sobraron materiales, puede entregarlos. Si recibió demasiada ropa, puede compartirla.

Si alguien pretende darle otro mercado que ya no necesita, puede responder:Gracias, déselo a otra familia”.

Desde una lectura espiritual del karma, allí también existe una acción significativa: transformar aquello recibido en una nueva oportunidad de ayudar.

La pregunta que debería hacerse antes de recibir

Quizá después del terremoto podríamos incorporar una pregunta muy sencilla antes de acercarnos a cualquier punto de entrega: ¿Realmente necesito esto?

Si la respuesta es sí, recibir ayuda no debería producir vergüenza.

Precisamente para eso fue entregada.

Pero si la respuesta es no y aun así decidimos tomarla aprovechándonos de una tragedia, vale la pena recordar que detrás de ese objeto existe otra persona.

Alguien donó para ella, alguien reunió recursos para ella.

Y posiblemente alguien esté esperando aquello que nosotros decidimos llevarnos sin necesitarlo.

El karma no necesita entenderse entonces como una amenaza de que algo malo ocurrirá mañana.

Puede entenderse como una invitación mucho más profunda a reconocer que cada acción deja consecuencias y cada intención dice algo sobre aquello que estamos sembrando en nuestra propia vida.

Después del terremoto, muchos colombianos han sembrado solidaridad, generosidad y empatía.

Quizá una de las mejores maneras de corresponder a esa energía sea muy sencilla: tomar únicamente aquello que realmente necesitamos y dejar que lo demás llegue a las manos para las que fue entregado.


El karma de quedarse con lo que era para otro

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