Cali, noviembre 6 de 2026. Actualizado: jueves, noviembre 5, 2026 20:59
La fecha que anuncia que se acaba el tiempo
¿Quedan pocos días para el fin del mundo? Esto se dice del 13 de noviembre de 2026 y las cinco veces que se predijo el apocalipsis
La posibilidad de que el mundo termine el 13 de noviembre de 2026 volvió a circular en redes sociales.
La fecha, que coincide con un viernes 13, aparece en una investigación científica publicada hace más de seis décadas.
Aunque algunas publicaciones presentan el estudio como una advertencia sobre el fin de la humanidad, su contenido aborda un fenómeno diferente: el crecimiento de la población mundial y los límites de las proyecciones matemáticas.
La predicción del fin del mundo tiene su origen en un artículo publicado en 1960 en la revista Science.
Los investigadores Heinz von Foerster, Patricia M. Mora y Lawrence W. Amiot analizaron el comportamiento demográfico durante aproximadamente dos mil años.
Sus cálculos señalaron el 13 de noviembre de 2026 como una fecha en la que la población alcanzaría un valor matemáticamente infinito, siempre que continuara la tendencia observada.
Sin embargo, el estudio no anunció la destrucción del planeta ni anticipó acontecimientos como guerras, impactos de meteoritos o desastres naturales.
La fecha surgió de un modelo matemático que buscaba explicar por qué el crecimiento poblacional avanzaba a un ritmo superior al exponencial.
Actualmente, no existe evidencia científica que respalde la idea de que el mundo terminará ese día.
El origen científico
El artículo recibió el título Doomsday: Friday, 13 November, A.D. 2026, que puede traducirse como Día del Juicio Final: viernes 13 de noviembre de 2026.
Los autores estudiaron cómo aumentaba la cantidad de habitantes del planeta y encontraron que el crecimiento seguía una curva hiperbólica.
Según este modelo, mientras más personas existían, mayor era la velocidad con la que aumentaba la población.
Los investigadores relacionaron este comportamiento con factores como el desarrollo tecnológico, la producción de alimentos y los avances médicos.
El crecimiento demográfico contribuía a generar condiciones que, a su vez, permitían sostener una población mayor.
Al proyectar matemáticamente esa tendencia, el modelo alcanzaba un punto en el que la cantidad de habitantes se aproximaba al infinito.
No obstante, una población infinita resulta imposible. Por eso, el cálculo mostraba que la tendencia no podía mantenerse indefinidamente.
Además, el estudio no pertenecía a la Universidad de Harvard, como señalan algunas publicaciones.
Von Foerster trabajaba en la Universidad de Illinois, mientras sus colaboradores estaban vinculados con la Universidad de Chicago y el Laboratorio Nacional Argonne.
¿Qué cambió desde 1960?
La evolución demográfica posterior mostró un comportamiento diferente al que proyectaba el modelo.
Durante la década de 1960, la tasa de crecimiento de la población mundial alcanzó su punto máximo y posteriormente comenzó a disminuir.
Entre los factores relacionados con este cambio figuran el acceso a métodos anticonceptivos, la educación, la participación laboral de las mujeres y la reducción de la mortalidad infantil.
Aunque la población mundial supera los 8.000 millones de habitantes, su crecimiento ya no mantiene la trayectoria descrita en aquella investigación.
Incluso, algunos países enfrentan una disminución de los nacimientos.
Por esta razón, la predicción del fin del mundo para noviembre de 2026 no constituye una conclusión científica sobre el destino del planeta.
Sin embargo, el caso no es el único en el que una fecha despertó preocupación por un supuesto final de la humanidad.
A lo largo de la historia, diferentes interpretaciones religiosas, fenómenos astronómicos y problemas tecnológicos alimentaron anuncios similares.
Cinco episodios permiten entender cómo surgieron estas creencias y qué ocurrió cuando llegaron las fechas señaladas.
El temor del año 1000
Uno de los antecedentes se relaciona con el cambio del primer milenio.
En la Europa cristiana medieval, algunos predicadores interpretaron pasajes del Apocalipsis como anuncios del juicio final.
Las fechas que despertaban interés eran el año 1000, contado desde el nacimiento de Cristo, y el año 1033, relacionado con su muerte.
Durante mucho tiempo circularon relatos sobre personas que abandonaban sus actividades, entregaban sus pertenencias y acudían a las iglesias para esperar el final.
Sin embargo, historiadores consideran que las versiones sobre un pánico generalizado fueron exageradas por escritores del siglo XIX.
Lo que sí se registró fue un aumento del fervor religioso, las peregrinaciones y la construcción de monasterios.
El Gran Chasco
Siglos después, Estados Unidos vivió otro episodio relacionado con una predicción religiosa.
William Miller, un predicador bautista, estudió el libro bíblico de Daniel y concluyó que Jesucristo regresaría entre 1843 y 1844.
Sus seguidores, conocidos como milleritas, terminaron estableciendo el 22 de octubre de 1844 como la fecha del acontecimiento.
El movimiento reunió a decenas de miles de personas y desarrolló una red de publicaciones y reuniones religiosas.
Algunos creyentes vendieron propiedades, abandonaron cosechas o cerraron negocios mientras esperaban el regreso anunciado.
Cuando terminó el día sin que ocurriera el acontecimiento, el episodio recibió el nombre de Gran Chasco.
Posteriormente, una parte de los seguidores reinterpretó la profecía y sostuvo que el acontecimiento ocurrió en el cielo y no en la Tierra.
De ese proceso surgió la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que actualmente cuenta con más de 20 millones de miembros en diferentes países.
El cometa Halley
En 1910, el temor al fin del mundo surgió alrededor de un fenómeno astronómico.
Los científicos determinaron que la Tierra atravesaría la cola del cometa Halley durante mayo de ese año. Además, mediante estudios espectroscópicos, identificaron cianógeno, un gas tóxico, entre los componentes de la cola.
Las declaraciones del astrónomo francés Camille Flammarion sobre posibles efectos atmosféricos circularon en periódicos y contribuyeron a extender la preocupación.
Algunos comerciantes comenzaron a vender píldoras anticometa, máscaras y otros productos destinados a proteger a las personas.
También se registraron casos de ciudadanos que buscaron refugio en sótanos y minas.
Finalmente, entre el 18 y el 19 de mayo de 1910, la Tierra atravesó la cola del cometa sin que ocurriera la catástrofe anunciada.
Los científicos explicaban que la concentración de gas era demasiado baja para producir los efectos que circulaban en los rumores.
El efecto 2000
A diferencia de las predicciones religiosas, el cambio de milenio planteó una preocupación relacionada con los sistemas informáticos.
Durante décadas, numerosos programas almacenaron los años mediante dos dígitos.
Esta práctica generaba el riesgo de que algunos computadores interpretaran el año 2000 como 1900.
El problema recibió el nombre de efecto 2000 o Y2K. Las advertencias señalaban posibles fallas en bancos, hospitales, redes eléctricas, aeropuertos y sistemas de suministro de agua.
Ante este escenario, gobiernos y empresas destinaron recursos a revisar y modificar programas informáticos antes del cambio de fecha.
Cuando llegó el 1 de enero de 2000, no ocurrió el colapso tecnológico que algunos anticipaban.
Se presentaron fallas aisladas, pero las medidas preventivas permitieron reducir los riesgos.
El episodio mostró cómo una dificultad técnica podía convertirse en motivo de preocupación mundial.
La predicción maya
El 21 de diciembre de 2012 también quedó asociado con anuncios sobre el fin del mundo.
La fecha correspondía al cierre del decimotercer b’ak’tun del calendario maya de Cuenta Larga. Sin embargo, distintas interpretaciones difundieron la idea de que ese cambio de ciclo anunciaba la destrucción de la Tierra.
Las versiones incluyeron supuestos choques con un planeta llamado Nibiru, inversiones de los polos magnéticos, alineaciones galácticas y tormentas solares.
El tema circuló en internet, libros y documentales. Incluso, la película 2012, estrenada en 2009, contribuyó a mantener la atención sobre la fecha.
La NASA difundió explicaciones para desmentir los rumores.
Además, el calendario maya no establecía que el mundo terminaría cuando concluyera ese ciclo.
Para las comunidades mayas, la fecha representaba el comienzo de una nueva etapa, no la desaparición de la humanidad.
Otras predicciones fallidas
La historia también registra el caso del predicador estadounidense Harold Camping, quien anunció el fin del mundo para el 21 de mayo de 2011.
Después de que no ocurriera, trasladó la fecha al 21 de octubre del mismo año. Ninguna de las dos predicciones se cumplió.
Otro episodio ocurrió en 1997, cuando 39 integrantes del grupo Heaven’s Gate murieron convencidos de que una nave espacial relacionada con el cometa Hale-Bopp permitiría abandonar la Tierra.
El caso mostró las consecuencias que pueden alcanzar determinadas creencias apocalípticas.
¿Qué pasará en noviembre?
La predicción del fin del mundo para el 13 de noviembre de 2026 comparte una característica con varios antecedentes históricos: parte de información real que posteriormente circula con interpretaciones diferentes.
En este caso, el dato original procede de una investigación demográfica publicada en una revista científica.
El estudio de Von Foerster y sus colaboradores planteaba preguntas sobre el crecimiento de la población y la disponibilidad de recursos.
Aunque el modelo no describe la evolución demográfica actual, esos asuntos continúan relacionados con debates sobre el cambio climático, el consumo y la sostenibilidad.
Por tanto, el 13 de noviembre de 2026 no representa una fecha científicamente establecida para el fin del mundo.
La investigación de 1960 sigue siendo el origen de la predicción, pero sus cálculos no constituyen una profecía ni anuncian una catástrofe para ese viernes.

