Cali, octubre 9 de 2026. Actualizado: viernes, octubre 9, 2026 17:20
Lo que dice la psicología sexual
¿Por qué algunas personas hablan durante el sexo y otras no dicen ni una palabra?
Mientras algunos convierten la intimidad en una conversación llena de susurros, frases apasionadas y declaraciones inesperadas, otros permanecen en absoluto silencio.
¿Significa eso que disfrutan menos? La psicología sexual tiene algunas explicaciones.
Hay parejas que durante el sexo parecen estar protagonizando una película romántica.
Se dicen cosas al oído, expresan lo que sienten, preguntan si todo está bien y hasta improvisan frases que jamás se atreverían a pronunciar en una conversación cotidiana.
En cambio, existen personas que durante esos mismos momentos permanecen completamente calladas, con una concentración tan profunda que parecen estar resolviendo un complicado problema matemático.
Y entonces aparece una de las preguntas más desconcertantes de la intimidad: ¿por qué algunas personas necesitan hablar para excitarse mientras otras prefieren no pronunciar ni una palabra?
La respuesta tiene mucho que ver con la personalidad, la confianza, las experiencias anteriores y la manera particular en que cada cerebro procesa el placer.
Los que hablan hasta por los codos
Para algunas personas, las palabras forman parte fundamental de la excitación sexual.
Escuchar un cumplido, una frase insinuante o una expresión de deseo puede intensificar la experiencia.
Esto ocurre porque el cerebro no responde exclusivamente al contacto físico.
La imaginación, los recuerdos, las expectativas y el lenguaje también pueden contribuir a la excitación.
Por eso existen personas que encuentran especialmente estimulante escuchar a su pareja describir lo que siente o expresar cuánto la desea.
Las palabras pueden convertirse en una especie de caricia psicológica.
Sin embargo, no todos los comentarios producen el mismo efecto. Una frase que alguien considera apasionada puede resultar incómoda, exagerada o incluso cómica para otra persona.
Y ahí comienza el verdadero desafío: descubrir qué disfruta escuchar cada uno.
Los silenciosos también disfrutan
Existe la creencia equivocada de que una persona que no habla durante el sexo está menos excitada o no disfruta suficientemente.
Pero el silencio no permite sacar esas conclusiones.
Algunas personas se concentran profundamente en las sensaciones corporales y encuentran que hablar interrumpe esa experiencia.
Otras son naturalmente reservadas, sienten vergüenza de expresar verbalmente sus emociones o simplemente prefieren comunicarse mediante gestos, miradas y caricias.
Incluso alguien muy conversador durante el día puede transformarse en una persona completamente silenciosa durante la intimidad.
La cantidad de palabras no es una medida confiable del placer sexual.
Lo importante es comprender que cada persona tiene una manera diferente de expresarse.
¿Y los que hablan demasiado?
Aquí aparece una situación bastante divertida.
Imaginemos a una pareja en pleno encuentro íntimo. Uno está completamente concentrado y el otro comienza a preguntar:
“¿Te gusta?”.
“¿Estás bien?”.
“¿Qué estás pensando?”.
“¿Me quieres?”.
“¿Por qué no dices nada?”.
Lo que comenzó como una experiencia apasionada puede convertirse inesperadamente en un interrogatorio.
Aunque preguntar por la comodidad y el consentimiento es importante, insistir constantemente en obtener respuestas puede distraer a una persona que prefiere disfrutar del momento sin hablar demasiado.
La clave está en encontrar un equilibrio entre comunicación y espontaneidad.
La vergüenza también tiene mucho que ver
Muchas personas crecieron en ambientes donde hablar de sexualidad era considerado inapropiado.
Esa educación puede influir en la manera en que expresan el deseo durante la vida adulta.
Alguien puede sentirse perfectamente cómodo teniendo relaciones sexuales, pero experimentar vergüenza al pronunciar una frase apasionada.
Otras personas temen parecer ridículas, exageradas o ser juzgadas por su pareja.
Por eso, en algunas relaciones, la comunicación verbal durante el sexo aumenta progresivamente a medida que crecen la confianza y la seguridad emocional.
Pero esto no significa que todas las personas deban aprender a hablar más. El silencio también puede ser una preferencia completamente válida.
Cuando las palabras arruinan el momento
No todas las conversaciones resultan oportunas.
Hay quienes aprovechan inesperadamente la intimidad para hablar de problemas laborales, recordar una cuenta pendiente o mencionar alguna preocupación doméstica.
También están quienes intentan utilizar frases que escucharon en películas y descubren demasiado tarde que no producen el efecto esperado.
Una expresión que pretendía ser seductora puede terminar provocando un ataque de risa.
Y eso tampoco tiene que ser negativo.
El humor compartido puede formar parte de una vida sexual satisfactoria, siempre que ambos se sientan cómodos y respetados.
¿Es mejor hablar o quedarse callado? No existe una respuesta universal.
Algunas parejas disfrutan intercambiando palabras durante todo el encuentro, mientras otras encuentran mayor conexión en el silencio.
Lo importante es que ninguna persona se sienta obligada a representar un personaje para satisfacer las expectativas de la otra.
Hablar previamente sobre las preferencias, explicar qué resulta agradable y expresar con tranquilidad aquello que incomoda puede mejorar considerablemente la comunicación íntima.
También conviene recordar que el silencio no sustituye el consentimiento.
Cuando exista incertidumbre sobre lo que la otra persona desea, es importante preguntar y asegurarse de que ambos estén cómodos.
Al final, la sexualidad no es una competencia para determinar quién habla más, quién hace más ruido o quién pronuncia las frases más apasionadas.
Quizá por eso una de las situaciones más curiosas ocurre cuando se encuentran dos personas completamente diferentes: una que necesita escuchar palabras para sentirse deseada y otra que considera que el mejor momento para guardar silencio es precisamente durante el sexo.
Porque en la intimidad, como en tantas otras cosas de la vida, algunos disfrutan contando la historia y otros prefieren vivirla sin narrador.

