Cali, marzo 11 de 2026. Actualizado: martes, marzo 10, 2026 22:00

Tres estudios alertan

Actividad física mundial no avanza pese al incremento de políticas públicas

Actividad física mundial no avanza pese al incremento de políticas públicas
Foto: Pexels
martes 10 de marzo, 2026

Tres estudios internacionales sobre políticas de ejercicio y salud pública concluyeron que la actividad física mundial no mejora en 20 años.

Los trabajos publicados en Nature Medicine y Nature Health alertan de que, pese al incremento de políticas públicas, los niveles globales de actividad física no han crecido en las últimas dos décadas.

Los autores señalan que las iniciativas existentes no se trasladan con eficacia a cambios reales en la conducta de la población y que las desigualdades sociales y de género siguen determinando quién puede mantenerse activo.

Según los informes, alrededor de uno de cada tres adultos y ocho de cada diez adolescentes no cumplen las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que establece al menos 150 minutos semanales de actividad moderada para adultos y 60 minutos diarios para menores.

La inactividad física se asocia cada año con más de cinco millones de muertes a nivel mundial, lo que la sitúa entre los principales factores de riesgo para la salud pública.

Un análisis liderado por Andrea Ramírez Varela examinó 661 documentos de políticas de 200 países entre 2004 y 2025 y detectó que, aunque muchas naciones han adoptado estrategias, pocas las implementan con criterios claros: solo el 38,7 % asigna responsabilidades a tres o más sectores gubernamentales y el 26,5 % carece de objetivos medibles. Entrevistas con responsables políticos y expertos también subrayan que la actividad física ganó presencia en la agenda, pero sigue siendo una prioridad baja frente a otras áreas sanitarias.

Desigualdades y cambio climático

Otra investigación, dirigida por Deborah Salvo y basada en datos de 68 países, muestra importantes brechas: la actividad recreativa es 40 puntos porcentuales más frecuente en grupos favorecidos (hombres con altos ingresos en países ricos) que en mujeres con bajos ingresos en países de renta baja, mientras que la actividad por necesidad predomina entre los menos favorecidos.

Los estudios recuerdan además que el ejercicio aporta beneficios amplios —reducción del riesgo de enfermedades crónicas, mejora del bienestar mental y mejores resultados en pacientes con cáncer— y que esas ventajas no llegan por igual a toda la población.

El tercer estudio, liderado por Erica Hinckson, explora la intersección entre actividad física y cambio climático.

Propone políticas que fomenten caminar, ir en bicicleta o usar transporte público como medidas que simultáneamente reducen emisiones y facilitan el ejercicio.

Al mismo tiempo advierte que fenómenos climáticos extremos, la contaminación del aire o proyectos mal planificados (grandes infraestructuras o eventos) pueden limitar la práctica o aumentar las emisiones.

Los autores piden un enfoque integrado que combine salud pública, urbanismo, transporte y políticas climáticas, con atención específica a las comunidades más vulnerables, y que las políticas pasen de declaraciones a acciones coordinadas entre sectores para revertir la tendencia.


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