Cali, septiembre 11 de 2026. Actualizado: viernes, septiembre 11, 2026 04:00
Cuando muchas estructuras se caen, la esperanza se mantiene firme
El sismo de esta semana, más allá de las cifras técnicas que nos explican el cómo y dónde apareció, es una oportunidad para abrir el corazón y mirar hacia dentro.
Además de revisar las estructuras de hormigón y acero, debemos revisar las columnas y las vigas que están en nuestro corazón.
Es difícil escribir en estos días. La vida nos ha puesto de frente una situación que no esperábamos y, en muchos casos, no estábamos preparados.
Pero la naturaleza no pregunta, no discrimina. Así como sale el sol sobre buenos y malos, así mismo los fenómenos naturales nos cobijan por igual, sin importar quiénes somos o cómo somos.
Hemos tenido la oportunidad de ver en redes sociales distintas explicaciones científicas sobre el acontecimiento, pero también vemos explicaciones seudoespirituales, cargadas de mensajes como “vienen cosas peores”, entre otras.
Ahí, lo primero que tenemos que entender es que este fenómeno natural, que se presenta al igual que cualquier manifestación de la naturaleza, como tormentas, erupciones volcánicas y demás, no es un castigo de Dios ni una prueba.
Si usted ve un video, lee un texto o escucha a alguien decirlo, hay que entender que quien lo proclama como una gran revelación no conoce el amor de Dios.
Y esto que le digo no es una interpretación muy personal sacada de algún texto de dudosa reputación.
Es lo que podemos ver cuando leemos los Evangelios, cuando analizamos el mensaje de Jesús, sus palabras y sus acciones.
Pero más que leer, es cuando somos capaces de revisar nuestro corazón y ver esas huellas sutiles, pero firmes e imborrables, del amor de Dios en nuestra vida.
No trato con eso de minimizar el dolor o de quitarle relevancia.
Al contrario, hay que sentirlo y vivirlo, pero no desde la desesperanza, sino desde la convicción de que, mientras haya un día más de vida, algo bueno podemos hacer con ese gran regalo.
Hemos podido ver cómo toda la solidaridad se ha despertado, como un gran dragón dormido que ruge con feroz ternura, sin importar el partido político o la afinidad ideológica, la religión.
Nada más que seres humanos yendo en ayuda de otros seres humanos.
Si usted perdió sus pertenencias en este sismo, si perdió un familiar, un amigo, una mascota, toda nuestra solidaridad, nuestras oraciones y deseos.
Ánimo. Sé que el momento es difícil, pero de seguro será mejor.
Si usted es uno de esos muchos voluntarios anónimos que están ayudando de muchas formas a quienes lo necesitan en este momento, tal vez nadie se lo diga, pero gracias.
Cada gesto solidario, anónimo y pequeño son grandes acciones de amor. Ahí está Dios y Él ve lo que está escondido.
Tenemos que seguir unidos, seguir ayudando a quien necesita y recordar que la ayuda no es solo material.
Hay personas que experimentan pérdidas no solo materiales; a veces, las más valiosas son las del alma.
Pero debemos mirar al futuro con ánimo, esperanza y fortaleza. Si usted hoy tiene dolor, si perdió, no está solo o sola.
Somos muchos y muchas, y de seguro se sumarán más. Los que estamos acá, muchos que se ven y que no hacen ruido, estamos orando, trabajando para que, como sociedad, podamos salir de este momento.
No perdamos la fe ni la esperanza. Tal vez hay muchas columnas y vigas de hormigón y acero que sucumbieron ante el movimiento, pero las vigas y columnas de amor, esperanza y caridad no se han doblado ni fracturado.
Siguen en pie, firmes, para garantizar que no lo perdimos todo.
Siempre hay un corazón donde refugiarnos.
