Cali, agosto 3 de 2026. Actualizado: lunes, agosto 3, 2026 16:01

Javier Navarro O.

El examen de la seguridad

Javier Navarro O.

Los primeros meses de un gobierno suelen estar marcados por la incertidumbre.

Sin embargo, en el caso de Abelardo de la Espriella hay un aspecto que parece generar menos dudas que los demás, la seguridad será el eje sobre el cual girará buena parte de su gestión y no será un tema más del gobierno, seguramente será su sello, su principal apuesta y también el mayor riesgo político de su mandato.

Todo indica que buscará construir su sello alrededor de la recuperación de la autoridad del Estado y de la seguridad como condición para el desarrollo.

Esa, más que una promesa de campaña, será probablemente la principal vara con la que será evaluada su administración.

No será extraño verlo encabezando consejos de seguridad, revisando operaciones, exigiendo resultados y siguiendo personalmente el comportamiento de los indicadores de homicidio, extorsión, secuestro y hurto.

Será, probablemente, un presidente de microgerencia en seguridad, convencido de que el orden público no admite delegaciones absolutas, en un país donde el control territorial es uno de los mayores desafíos del Estado.

Paradójicamente, esa concentración del liderazgo podría venir acompañada de una mayor autonomía para sus ministros en otros sectores.

Mientras el presidente mantiene el timón de la seguridad, el gabinete tendría un margen más amplio para ejecutar las políticas económicas, sociales y de infraestructura.

Una combinación interesante, un presidente muy presente en los asuntos que considera estratégicos y un gabinete con autonomía para ejecutar políticas sectoriales.

El verdadero examen comenzará en las regiones. En los últimos años, las estructuras armadas ilegales han ampliado su capacidad y presencia en el territorio, son verdaderas empresas criminales, con dominio de corredores estratégicos, infiltrando comunidades y disputando la autoridad del Estado.

El reto del nuevo gobierno será demostrar que la recuperación de la seguridad puede traducirse en resultados sostenibles más allá de incrementar las operaciones de la Fuerza Pública.

Requiere inteligencia, coordinación, fortalecimiento de las instituciones, presencia institucional permanente y una estrecha articulación con gobernadores y alcaldes.

Además, la ciudadanía espera resultados rápidos. Después de varios años de deterioro de la seguridad, el margen de tolerancia será reducido.

Cada atentado, cada bloqueo, cada incremento de indicadores o cada pérdida de control territorial será interpretado como una evaluación directa del presidente.

En pocas áreas el éxito o el fracaso recaen de manera tan personal sobre quien ocupa la Casa de Nariño.

Asimismo, cobra importancia la coordinación con las regiones. Colombia no enfrenta una única realidad de seguridad.

Los problemas del Catatumbo, Cauca, Valle del Cauca, Arauca, Chocó o la Costa Caribe tienen dinámicas distintas y exigen respuestas diferenciadas.

Un modelo excesivamente uniforme podría perder eficacia frente a amenazas multidimencionales.

La historia demuestra que ningún gobierno gana la batalla contra el crimen únicamente por la contundencia de su discurso.

La gana cuando logra que el Estado vuelva a ser más fuerte que las organizaciones ilegales, más rápido que la criminalidad y más cercano que quienes pretenden reemplazarlo.

La misma seguridad que apareció en campaña como su mayor fortaleza podría convertirse en el principal criterio de evaluación de su gestión.

El presidente electo Abelardo de la Espriella, tendrá una oportunidad de redefinir la política de seguridad y defensa de Colombia.

Pero también asumirá una enorme responsabilidad, porque cuando un presidente hace de la seguridad su bandera de gobierno, el país no lo juzgará por sus promesas e intenciones, sino por su capacidad de traducirlas en resultados concretos.

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lunes 3 de agosto, 2026
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