Cali, julio 29 de 2026. Actualizado: martes, julio 28, 2026 18:55

Wilson Ruiz, al Senado y con De la Espriella

El país que madruga

Wilson Ruiz Orejuela

Hay historias que obligan a detenerse un momento y mirar a Colombia desde otra perspectiva.

En los últimos días, un vendedor de panela de edad avanzada terminó convirtiéndose en protagonista de la conversación nacional.

No por un escándalo, ni por una decisión política, sino porque su historia recordó algo que con demasiada frecuencia olvidamos, este país sigue de pie gracias a millones de personas que todos los días salen a trabajar sin pedir nada distinto a una oportunidad.

Mientras buena parte del debate público gira alrededor de la política, las reformas o las disputas ideológicas, existe otra Colombia que simplemente está intentando sobrevivir.

Es la del tendero que abre antes del amanecer, la de la mujer que convirtió una receta familiar en un negocio, la del campesino que vende directamente sus productos, la del joven que decidió emprender porque nunca encontró un empleo y la del comerciante que, después de décadas de trabajo, sigue levantando la persiana de su local con la esperanza de que el día alcance para pagar las cuentas.

Durante demasiado tiempo hemos caído en un error que termina afectando cualquier discusión sobre el desarrollo.

Hablamos de cómo repartir la riqueza, pero muy pocas veces hablamos de quienes la producen.

Pareciera que el crecimiento económico fuera una responsabilidad exclusiva del Estado, cuando la realidad demuestra exactamente lo contrario. La riqueza nace cuando un ciudadano decide invertir sus ahorros, asumir riesgos, abrir un negocio y generar empleo.

Las cifras lo confirman. Colombia tiene cerca de 1,8 millones de empresas activas y alrededor del 95 % son microempresas

Si se suman las pequeñas y medianas empresas, representan prácticamente la totalidad del tejido empresarial del país.

Pero hay otra cifra que debería preocuparnos aún más. Hoy, el 54,7 % de los trabajadores colombianos se encuentra en la informalidad.

Es decir, más de la mitad de quienes producen, venden, transportan, cultivan o prestan un servicio lo hacen sin acceso pleno a la seguridad social, al crédito o a herramientas que les permitan crecer.

La informalidad no puede seguir viéndose como una elección; en muchos casos es la consecuencia de un Estado que durante años ha hecho más difícil crear empresa que permanecer al margen de la formalidad.

Si queremos una economía más fuerte, el objetivo no debe ser perseguir al pequeño comerciante, sino darle razones para formalizarse y prosperar.

Quien decide abrir una empresa debe enfrentar impuestos, trámites, dificultades para acceder al crédito, costos de formalización y, en muchas regiones, la amenaza permanente de la inseguridad y la extorsión.

A pesar de todo, siguen adelante. No porque el camino sea fácil, sino porque detrás de cada negocio hay una familia que depende de él.

En ese contexto encuentro un mensaje poderoso en La Ruta Milagro que ha planteado el presidente Abelardo de la Espriella junto con don Luis.

Más allá de un programa específico, la idea representa algo mucho más profundo: reconocer que detrás de cada pequeño negocio hay un colombiano que merece crecer.

Que el vendedor ambulante, el agricultor, el artesano, el comerciante y el trabajador independiente también deben hacer parte de un proyecto nacional de prosperidad.

Si realmente queremos construir una Patria Milagro, el éxito no dependerá únicamente de las grandes inversiones ni de los indicadores macroeconómicos.

Dependerá de que millones de pequeños negocios puedan crecer, contratar un trabajador más, abrir una segunda sede, comprar una máquina nueva o vender sus productos en otros mercados.

Al final, la verdadera transformación de Colombia no comenzará en un ministerio ni en un escritorio.

Comenzará el día en que entendamos que el mayor patrimonio de este país no está en sus recursos naturales, sino en la capacidad de su gente para trabajar, emprender y salir adelante cuando alguien, por fin, decide abrirle la puerta de la oportunidad.

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miércoles 29 de julio, 2026
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