Cali, agosto 3 de 2026. Actualizado: lunes, agosto 3, 2026 11:28

Víctor Manuel García

El Valle no está para guerras políticas: está para decisiones

Víctor Manuel García

Que Cali sea el epicentro de la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella es, sin duda, un gesto político significativo.

La ciudad vuelve a ocupar el centro del mapa nacional, al menos por un día, y eso tiene un valor simbólico que no debe subestimarse.

Cali es la puerta del Pacífico, el corazón económico del suroccidente y el nodo cultural más influyente de la región.

Convertirla en escenario de posesión es reconocer su peso histórico y su potencial estratégico. Pero ese reconocimiento, por sí solo, no basta.

El verdadero reto está en salir del olvido, en dejar de ser el segundo renglón de importancia en la agenda de Bogotá, en romper la inercia de décadas donde el Valle y el Pacífico han sido vistos como periferia y no como potencia.

La región necesita que esta posesión no sea un acto simbólico, sino el inicio de una agenda seria, sostenida y estructural.

Y esa agenda, aunque debe tener como uno de sus puntos prioritarios la recuperación de la seguridad —no solo de Cali, sino del Pacífico entero— no puede reducirse a ese único tema. La seguridad es condición, no destino. Sin seguridad no hay inversión, no hay movilidad, no hay confianza.

Pero sin inversión social, sin infraestructura, sin competitividad, la seguridad tampoco se sostiene.El Valle del Cauca necesita una agenda integral, no un listado de promesas.

Y esa agenda debe incluir, de manera urgente, la transformación competitiva que la región lleva años reclamando.

El primer punto es la puesta a punto del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, una infraestructura que se quedó corta frente a las necesidades de una región que aspira a ser plataforma exportadora.

No es solo modernizarlo: es convertirlo en un verdadero hub internacional que conecte al Valle con mercados globales y con el dinamismo logístico del Pacífico.

El segundo punto es la puesta en marcha del tren de cercanías, un proyecto que el gobierno Petro dejó sin recursos por voluntad política y cuya ausencia hoy se siente en la movilidad, la competitividad y la integración metropolitana.

Un tren de cercanías no es un lujo: es una herramienta de desarrollo urbano y económico que Cali y su área de influencia necesitan con urgencia.

El tercer punto es el mejoramiento del aeropuerto Santa Ana de Cartago y el impulso al aeropuerto Farfán de Tuluá como terminal alterna.

La región no puede seguir dependiendo de un solo aeropuerto para su conectividad aérea. La diversificación es clave para la competitividad y para la resiliencia logística.

El cuarto punto es el dragado del puerto de Buenaventura, una deuda histórica que limita la capacidad exportadora del país entero.

Pero el dragado no basta: Buenaventura necesita infraestructura urbana real, no promesas. Necesita vías, acueducto, saneamiento, espacio público, seguridad y oportunidades económicas.

No se puede seguir tratando al principal puerto del país como si fuera un anexo olvidado.

El quinto punto es el impulso al desarrollo agrícola del norte del Valle, una región con potencial enorme que sigue atrapada en modelos productivos del siglo pasado.

La diversificación agrícola, articulada con la academia, la investigación y el valor agregado, es la ruta para dejar atrás la dependencia de monocultivos y construir una base exportadora sólida.

El sexto punto es la zona franca del corredor Buga‑Tuluá, el puerto seco en Buga y la reactivación de la línea férrea Buga‑Buenaventura.

Estos proyectos no son accesorios: son el esqueleto logístico que permitiría al Valle convertirse en un verdadero centro de comercio internacional.

Y, por supuesto, está el fortalecimiento de la red de salud, no solo de Cali sino del departamento entero, hoy en una situación crítica que amenaza la atención, la calidad y la sostenibilidad del sistema.

Sin salud no hay desarrollo posible.Cali merece ser el epicentro de la posesión presidencial. Pero merece algo más: merece ser el epicentro de una agenda nacional que la reconozca como lo que es y como lo que puede ser.

La región no necesita discursos: necesita decisiones. No necesita homenajes: necesita inversiones. No necesita promesas: necesita Estado.

El Valle no necesita confrontaciones políticas que dividan, no necesita estigmatización, ni derrumbar monumentos construidos por la ciudadanía.

No necesita bloqueos, amenazas de estallidos ni paros. Necesita acciones y decisiones políticas que ataquen la desigualdad, la pobreza y la exclusión.

El Valle no puede seguir siendo el teatro de enfrentamiento de un país cada vez más polarizado.

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lunes 3 de agosto, 2026
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