Cali, octubre 20 de 2026. Actualizado: martes, octubre 20, 2026 15:56
La atención emocional y espiritual a los damnificados del terremoto es importante, pero no puede desplazar las prioridades de la Alcaldía de Cali: vivienda, reconstrucción y reactivación económica.
La reconstrucción necesita soluciones, no solo oraciones
Después de una tragedia como el terremoto del 10 de agosto, que dejó miles de familias afectadas en Cali, la recuperación no puede limitarse a lo material, las consecuencias emocionales también son profundas y requieren atención.
Por eso, es importante que existan servicios de salud mental y que quienes encuentren consuelo en la espiritualidad puedan acudir libremente a ella, de acuerdo con sus creencias.
Sin embargo, el anuncio de una gerencia espiritual para la reconstrucción de Cali genera inquietudes que se reflejan en las reacciones ciudadanas, no porque la espiritualidad carezca de valor, sino porque resulta necesario establecer cuáles son las prioridades de la administración municipal frente a una emergencia de semejante magnitud.
La fe pertenece al ámbito de las convicciones personales y merece absoluto respeto, cualquiera que sea la religión que se profese o incluso si no se profesa ninguna.
El Estado, por su parte, tiene responsabilidades concretas que no pueden trasladarse al terreno de las creencias.
Han transcurrido dos meses y una semana desde el terremoto.
Es comprensible que la reconstrucción física de una ciudad golpeada por una tragedia de estas proporciones tome tiempo y que muchas de las necesidades superen las capacidades inmediatas de la Alcaldía, pero eso no significa que puedan seguir aplazándose las respuestas más urgentes.
Todavía hay familias sin una solución digna de alojamiento, personas que perdieron sus empleos y comerciantes cuyos establecimientos permanecen cerrados.
Cada día que pasa sin recuperar esas fuentes de ingreso agrava las dificultades económicas de los afectados y extiende sus consecuencias al resto de la ciudad.
Por eso resulta indispensable acelerar los mecanismos de atención, los subsidios, las soluciones de vivienda y las medidas de reactivación económica.
También se necesita claridad sobre los recursos disponibles, los cronogramas y los resultados que pueden esperar los ciudadanos.
La recuperación emocional y espiritual puede acompañar ese proceso, pero nunca reemplazarlo.
Los símbolos, los mensajes de esperanza y las expresiones de fe tienen su lugar, siempre que no terminen ocupando el espacio que corresponde a las decisiones administrativas y a las soluciones materiales.
Porque lo último que podría hacer el gobierno del alcalde Alejandro Eder es transmitirles a quienes perdieron sus viviendas, sus empleos o sus negocios que, para resolver los problemas que les dejó el terremoto, lo único que les queda es rezar.

