Cali, febrero 5 de 2026. Actualizado: jueves, febrero 5, 2026 21:44

El encuentro entre Petro y Trump dejó decisiones que pueden representar avances claros en seguridad

Una cita que puede cambiar el rumbo de la seguridad

Una cita que puede cambiar el rumbo de la seguridad
Foto: Presidencia de Colombia
jueves 5 de febrero, 2026

La reunión entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump en Washington logró un balance positivo en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico, un tema que había tensionado las relaciones entre ambos países durante 2025.

Tras meses de intercambios duros, incluidas acusaciones públicas de Trump sobre la insuficiente acción de Colombia contra las redes de drogas, ambos mandatarios lograron dejar de lado sus diferencias y acordar cooperación concreta en la persecución del tráfico ilícito.

La conversación fue descrita como cordial y constructiva, un importante paso hacia el restablecimiento de la relación bilateral en seguridad y desarrollo.

Uno de los elementos centrales del acuerdo fue la decisión conjunta de intensificar mecanismos para atacar las redes de narcotráfico que operan en Colombia y afectan también a Estados Unidos.

El gobierno colombiano entregó a su contraparte una lista con objetivos de “alto valor conjunto” asociados a organizaciones criminales, incluyendo cabecillas del Clan del Golfo, disidencias de las Farc y otros grupos que lideran redes de tráfico de drogas.

Esta decisión representa un cambio importante respecto a la percepción anterior de inacción: el presidente Petro asumió compromisos públicos para neutralizar a estos criminales en un plazo definido, algo que no había ocurrido con la firmeza requerida hasta ahora.

Además, en el marco de los acuerdos, Estados Unidos y Colombia acordaron acciones específicas contra el ELN, incluyendo la integración de inteligencia y tecnología avanzada en la persecución de sus estructuras, así como la posibilidad de colaborar, incluso con apoyo desde Venezuela en caso de que las condiciones lo permitan.

Esto muestra que, pese a diferencias ideológicas previas, los dos gobiernos reconocen la necesidad de combate conjunto al crimen transnacional.

Este es, sin duda, el lado positivo del encuentro: por primera vez en mucho tiempo, Colombia y Estados Unidos establecen un rumbo común en la lucha antinarcóticos, con compromisos claros y una agenda concreta.

El desafío ahora es traducir estos acuerdos en resultados palpables en el terreno.

No basta con buenos discursos o fotografías amistosas en la Casa Blanca; lo urgente es que estas promesas se conviertan en detenciones efectivas de los grandes capos, en debilitamiento real de las redes criminales y en una acción sostenida que demuestre que Colombia no es aliada ni refugio de narcotráfico.

Petro debe ahora demostrar que su postura no es retórica, sino acción real. La estabilidad de esta nueva relación con Estados Unidos dependerá, en gran medida, de ello.


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