Cali, octubre 15 de 2026. Actualizado: jueves, octubre 15, 2026 15:46

La historia de la familia que hizo de las abejas su futuro

De una colmena en el colegio a una empresa de casi $6.000 millones

De una colmena en el colegio a una empresa de casi $6.000 millones
Foto: Arcgivo particular
jueves 15 de octubre, 2026

Juan Jaime Gutiérrez tenía apenas 14 años cuando descubrió que dentro de una colmena existía un mundo que podía cambiarle la vida.

Fue en el Colegio Bolivariano de Caicedonia, Valle del Cauca, donde una clase de apicultura despertó una curiosidad que terminaría convirtiéndose en su oficio, su empresa y el proyecto alrededor del cual crecería su familia.

Mientras otros adolescentes apenas comenzaban a imaginar qué querían hacer cuando fueran adultos, él ya tenía sus primeras abejas y empezaba una relación con la naturaleza que, décadas después, continúa definiendo su historia.

Aquella experiencia escolar fue el origen de Distriapícola S.A.S., una compañía dedicada a la producción y comercialización de miel, polen, propóleos, jalea real, cera y materiales apícolas, que hoy cuenta con 18 empleos directos y relaciones comerciales con productores y asociaciones de diferentes regiones del país.

Lo que comenzó como una pasión personal se transformó, con los años, en una empresa familiar que ha aprendido a crecer en medio de dificultades ambientales, cambios en el mercado y desafíos propios de una actividad que depende de uno de los seres vivos más importantes para el equilibrio de los ecosistemas: las abejas.

Para Juan Jaime, la apicultura nunca ha sido solamente una manera de producir miel.

Detrás de cada colmena hay un trabajo que exige conocimiento, paciencia y una relación permanente con el entorno.

Las abejas necesitan condiciones adecuadas para alimentarse, reproducirse y mantener sus colonias, mientras que los apicultores deben protegerlas y garantizar que los productos lleguen al consumidor con calidad.

Esa relación con la naturaleza se convirtió en uno de los principios de Distriapícola.

La compañía entiende que su actividad tiene una doble dimensión: económica, por los ingresos que genera, y ambiental, por la contribución de las abejas a la polinización de numerosos cultivos y plantas silvestres.

Sin embargo, mantener una empresa alrededor de estos insectos también ha significado enfrentar situaciones difíciles.

Desafíos

Uno de los mayores desafíos ha sido el uso de agroquímicos en zonas agrícolas donde tradicionalmente se desarrollaba la actividad apícola.

Según relata la empresa, las aplicaciones de estos productos en cultivos del Eje Cafetero, particularmente en áreas de cítricos y, más recientemente, de aguacate, los obligaron a trasladar sus colmenas en diferentes oportunidades.

Cada desplazamiento representó un esfuerzo logístico y económico, además de la necesidad de encontrar lugares con condiciones adecuadas para mantener la producción.

Actualmente, parte de sus colmenas se encuentra en los Llanos Orientales, en áreas de reserva forestal, donde han buscado condiciones más favorables para su actividad.

Pero Distriapícola no creció únicamente aumentando el número de colmenas.

También encontró en las alianzas con otros apicultores una manera de ampliar su operación y, al mismo tiempo, generar oportunidades en territorios donde las alternativas económicas pueden ser limitadas.

Durante más de veinte años, la empresa ha establecido relaciones comerciales con asociaciones y agrupaciones de productores en distintas regiones de Colombia, garantizando la compra de productos apícolas, especialmente miel.

Experiencias con significado social

De acuerdo con Distriapícola, en zonas como el Bajo Cauca antioqueño y algunos territorios del Cauca, la apicultura ha ofrecido a grupos de productores una alternativa económica frente a actividades como la minería ilegal y los cultivos ilícitos.

La posibilidad de producir miel y contar con un comprador representa para estas comunidades una oportunidad de generar ingresos mediante una actividad legal vinculada con la protección de la naturaleza.

Así, una colmena puede convertirse en algo más que una fuente de alimento: también puede abrir un camino diferente para una familia.

Mientras la empresa ampliaba sus relaciones comerciales, la historia de Juan Jaime comenzó a incorporar a una nueva generación.

Sus tres hijos se vincularon al negocio familiar, cada uno desde su formación profesional y sus propias capacidades.

Una de sus hijas, abogada, asumió la gerencia comercial; otro de sus hijos, ingeniero de sistemas, se encarga del programa de trazabilidad, las redes sociales y la página web; mientras que el menor, estudiante de Ingeniería de Alimentos, participa en el desarrollo de procesos de innovación.

La presencia de los hijos representa mucho más que una continuidad administrativa.

Significa que aquella pasión que comenzó en un salón de clases logró transmitirse a una nueva generación, capaz de incorporar conocimientos tecnológicos, comerciales y científicos a una actividad tradicional.

De generación en generación

En la historia de Distriapícola también han participado los padres de la familia, consolidando un proyecto empresarial que ha unido distintas generaciones alrededor de las abejas.

La organización ha atravesado diferentes transformaciones jurídicas. Inicialmente funcionó como asociación, después como Empresa Asociativa de Trabajo (EAT), posteriormente como Sociedad Agraria de Transformación (SAT) y finalmente adoptó la figura de Sociedad por Acciones Simplificada (S.A.S.).

Cada etapa respondió a las necesidades de una empresa que fue creciendo y requirió nuevas formas de organización.

En ese proceso, Colombina se convirtió en un aliado comercial importante. Además de la compra continua de sus productos, Distriapícola encontró en el programa Big Brother una oportunidad para fortalecer sus capacidades empresariales.

A través de este acompañamiento recibió asesorías financieras y apoyo para mejorar sus procesos de calidad, herramientas que contribuyeron a elevar su competitividad frente a otras compañías del sector.

Los resultados hablan por sí solos

En 2013, Distriapícola registraba ventas por aproximadamente $2.119 millones y contaba con 36 clientes.

Al cierre de 2025, sus ingresos alcanzaron cerca de $5.950 millones y su base comercial llegó a 105 clientes.

En doce años, las ventas se multiplicaron por 2,8, con una tasa de crecimiento anual compuesto reportada del 9 %.

Durante ese mismo período, el número de empleados pasó de 11 a 18, mientras que la cantidad de clientes casi se triplicó.

Son cifras que reflejan un proceso de consolidación empresarial, pero que adquieren un significado especial cuando se recuerda el origen de la compañía.

Detrás de esos resultados permanece aquel adolescente que descubrió las abejas en el colegio y decidió dedicarles buena parte de su vida.

También está la familia que se vinculó al proyecto, los trabajadores que sostienen la operación y las asociaciones de apicultores que encuentran en Distriapícola una oportunidad para comercializar su producción.

Hoy, la empresa continúa apostándole a la calidad de sus productos, al fortalecimiento de sus alianzas y a la innovación como herramientas para enfrentar los desafíos de una actividad cada vez más exigente.

Su historia demuestra que una iniciativa empresarial puede comenzar mucho antes de que exista una fábrica, una oficina o una sociedad legalmente constituida.

A veces nace de una experiencia escolar, de la curiosidad de un adolescente o del descubrimiento de una actividad que termina convirtiéndose en una vocación.

Juan Jaime Gutiérrez encontró su futuro cuando tenía 14 años y conoció sus primeras abejas.

Décadas después, esa decisión no solamente sostiene una empresa familiar: también ayuda a que otras familias encuentren, alrededor de una colmena, una oportunidad para construir el suyo.


De una colmena en el colegio a una empresa de casi $6.000 millones

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