Cali, octubre 9 de 2026. Actualizado: viernes, octubre 9, 2026 17:20
Irene Vallejo y su elogiosa carta a León Octavio
La Bioblia: libro laico de la vida
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Irene Vallejo, en tiempos que el género epistolar se extingue, le escribió una elogiosa carta a León Octavio Osorno Aguirre al recibir su libro incunable “La Bioblia”.
La escritora española reconocida mundialmente por “El infinito en un junco”, su obra cumbre sobre la historia de los libros, congratulada le envió una misiva por su regalo de una copia facsimilar de su libro.
En anterior informe este diario destacó que León Octavio fue objeto de exaltación en la XXVIII Feria Internacional del Libro de Santo Domingo por su obra “El Bando de Villa Maga”.
Hoy, la página de Cultura de Diario Occidente, destaca que el escritor de Anza, radicado más de medio siglo en Cali, aprovechó la invitación dominicana para hacer entrega de un ejemplar de “La Bioblia” a la Biblioteca Nacional “Pedro Henríquez Ureña”.
Libro laico de la vida
“La Bioblia”, es una investigación antológica de León Octavio Osorno Aguirre, que él denomina el libro laico de la vida, lo empezó hace tres décadas, en la antigua tipografía Graficas Quito donde armaba libros al estilo Gutenberg y se motivó a terminarlo luego que en la Biblioteca Luis Ángel Arango tuvo oportunidad de palpar algunos libros incunables.
“La Bioblia”, presenta como su prólogo “Dios o Naturaleza”, un texto del filósofo Spinoza que refiere respuestas de Einstein sobre el tema.
Reúne exhortaciones que mediante cartas Epicuro hizo a su alumno Meneseo.
Contiene reflexiones ambientalistas del jesuita Augusto Angel Maya.
Recopila textos de elogio al agua de Alfredo Ferro. Difunde la Carta del Jefe Seattle a Franklin Pierce, presidente de Estados Unidos (1854) y cierra con otros textos ecologistas.
Historia de “La Bioblia”
León Octavio Osorno Aguirre no sólo conoce la historia y los procesos de edición de los libros, sino que los ha vivido y encarnado desde muy joven, cuando iniciaba como cajista de imprenta, al continuar en el oficio de diseñador, ilustrador y finalmente realiza su sueño cuando se convierte en escritor.
Pero no le satisfizo que lo conocieran por su caricatura “Balita” que otrora publicaba en el Diario El País, ni le bastó “El Bando de Villa Maga” cuyas ediciones se agotaban en las librerías y sigue presentandolo en ferias internacionales del libro.
León Octavio decidió trascender más allá de simple creador de una utopía.
Entonces, aprovechando su habilidad en el dibujo, consideró que le faltaba asumir la misión de crear su libro incunable, con estilo similar a como los hacían los autores de hace siglos, cuando todavía no aparecía la imprenta y los escribían a pulso, adornadas sus páginas con cenefas y publicaban los originales en incipientes imprentas con rudimentarios lingotes.
León Octavio decidió iniciar el proyecto creador considerado anacrónico en estos tiempos de tecnología digital y libros virtuales, terco en las noches de insomnio creativo diseñó su libro incunable.
Incunable y los facsímiles
León Octavio, señala la diferencia entre un libro original incunable y sus copias facsimilares:
“Un libro incunable es un original ilustrado con dibujos originales. La Bioblia es un libro incunable hecho a mi estilo, con mis propios dibujos. De La Bioblia mandé a hacer diez copias facsimilares, cuyos costos por ejemplar fue de cuatro cientos cincuenta mil pesos. Uno de estos ejemplares le regalé a Irene Vallejo. La escogí a ella porque cuando leí El infinito en un junco, me sentí tocado. La Bioblia, como nuevo libro incunable creado por mí, se lo vendí al Banco de La República, es decir, que enajené a su favor mis derechos de autor”.
Regalo invaluable
León Octavio, en la copia facsimilar adhirió esta dedicatoria personal:
“A Irene Vallejo Moreu Dedico esta copia facsimilar de mi libro La Bioblia, con admiración y aprecio por su fascinante libro El infinito en un junco, que me remontó a los tiempos de mis comienzos en las artes gráficas como cajista de imprenta, ignorante de la trascendencia que este oficio había tenido en el desarrollo de la humanidad y que en su libro hace justicia a esos artesanos que la era digital condena al olvido. El original se encuentra en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá.
Atentamente
León Octavio”.
La epístola de Irene Vallejo
“Zaragoza – 27 de septiembre de 2026
Querido León Octavio:
Su hermoso libro llegó a mis manos como un precioso tesoro salvado de un naufragio de dolor y escombros.
Al recibirlo, acudieron a mi mente los versos de Los justos.
En el poema, Borges describe a alguien que moldea una cerámica, cultiva un jardín o descubre una etimología… personas todas ellas inmersas en tareas felices.
Para el poeta, esos son los justos que salvan el mundo.
Entre esa enumeración de salvadores borgianos, recordé enseguida la del “tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada”, mientras recorría con mis dedos cada folio de su asombroso manuscrito.
Usted ha compuesto un libro de absoluta y singular belleza, cuya contemplación es un regocijo para los sentidos.
No se sabe si descansar los ojos en los maravillosos dibujos, o extasiarse ante los textos, de diferentes tipografías, que condensan sabidurías sobre la naturaleza, el pensamiento y la libertad.
Una antología de verdades necesarias rizadas de flores y fronda. Un homenaje a los incunables, y a todos aquellos que los crearon durante milenios.
Reflexión y deleite, un acicate para el sanador mandamiento de reforestar el corazón.
Pienso en su tenaz trabajo a lo largo de treinta años, y creo -a diferencia del maestro conjeturado por Borges- que a usted sí le habrá agradado esa labor de componer páginas tan bellas.
En ellas afloran la magia del ilustrador luminoso y el convencido impulso ambientalista y ecológico, con lo que ha conseguido esa síntesis dichosa y radiante de las tres dimensiones.
Me siento muy agradecida por recibir su extraordinario regalo, que pongo en lugar de honor de mi biblioteca para disfrutarlo de manera constante.
He sabido que las pequeñas melladuras de la tapa fueron consecuencia del reciente terremoto en Cali.
Celebro que no tuviera otras consecuencias perjudiciales, y lo considero como una aventura más del viajero facsímil que acojo.
Escribí mi libro “El infinito en un junco”, como un humilde homenaje a quienes, a lo largo de los siglos, han anidado y salvado el legado de los libros, esos cofres que albergan nuestras mejores ideas, nuestras historias más valiosas. Hoy, usted continúa esa cadena milenaria de personas justas, aquellas que, con su labor delicada, embellecen las páginas del mañana: gracias infinitas.
Un cariñoso abrazo,
Irene Vallejo”

