Cali, octubre 15 de 2026. Actualizado: jueves, octubre 15, 2026 15:46
Las señales que pueden cambiar el diagnóstico de un bebé
¿Cólico, reflujo o alergia a la proteína de leche de vaca?
Llanto persistente, reflujo, vómitos, diarrea, sangre o moco en las deposiciones, brotes o resequedad en la piel y poco aumento de peso pueden parecer problemas separados.
Sin embargo, cuando varios de ellos aparecen o persisten en un bebé, podrían ser señales de alergia a la proteína de leche de vaca (APLV), una reacción del sistema inmunitario frente a las proteínas de este alimento.
El reto para las familias es que sus manifestaciones pueden confundirse con situaciones frecuentes durante los primeros meses de vida.
Por eso, el Colegio Colombiano de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (COLGAHNP) invita a observar el cuadro completo, registrar cuándo aparecen los síntomas y consultar al pediatra, en lugar de eliminar alimentos o cambiar la fórmula infantil sin orientación.
“Un solo síntoma no significa que un bebé tenga alergia a la proteína de la leche de vaca. El reflujo, los cólicos, el llanto, el sangrado o los cambios en las deposiciones son muy frecuentes durante los primeros meses de vida y pueden tener muchas causas. Para sospechar una APLV debemos mirar el cuadro completo: antecedentes, factores de riesgo, si los síntomas persisten, si aparecen varios al mismo tiempo, si tienen relación con la alimentación y, sobre todo, si están afectando el bienestar o el crecimiento del niño. Hacer un diagnóstico oportuno es importante, pero también lo es evitar el sobrediagnóstico, porque retirar alimentos o cambiar fórmulas sin necesidad puede generar restricciones nutricionales innecesarias”, explica el Dr. Johon Francisco Garcés Camacho, presidente de Colgahnp.
¿Qué señales deben observar las familias?
Los síntomas pueden aparecer pocos minutos después de que el bebé consuma leche de vaca o algún alimento que contenga sus proteínas; sin embargo, en otros casos pueden manifestarse varias horas e incluso hasta semanas después.
Además, como la APLV puede afectar diferentes partes del organismo, sus manifestaciones no siempre son iguales.
Por esta razón, se recomienda consultar cuando los síntomas se repiten, son intensos, no mejoran con las medidas habituales o aparecen simultáneamente en más de un sistema.
Entre las principales señales se encuentran:
– Síntomas generales, irritabilidad, pobre ganancia de peso o detención del crecimiento.
– En el sistema digestivo, pueden presentarse vómitos repetidos, reflujo persistente, cólicos intensos de difícil manejo, diarrea o deposiciones con moco o hilos de sangre.
– En la piel, la reacción puede manifestarse mediante brote, resequedad, enrojecimiento o zonas secas y descamativas acompañadas de picazón.
– A nivel respiratorio, pueden aparecer congestión recurrente, tos o silbidos al respirar, especialmente cuando coinciden con síntomas digestivos o cutáneos.
Asimismo, la APLV puede afectar el crecimiento y el estado general del bebé, por lo que también debe prestarse atención a la dificultad para ganar peso, el rechazo persistente del alimento o el decaimiento.
Alergia no es lo mismo que intolerancia
La diferencia es clave: en la APLV, el sistema inmunitario reacciona frente a la proteína de la leche y, en los casos más graves, puede desencadenar una reacción potencialmente mortal.
En cambio, la intolerancia a la lactosa (no alergia a la lactosa) ocurre cuando el organismo tiene dificultad para digerir este azúcar de la leche; suele causar gases, distensión, dolor abdominal o diarrea, pero no pone en riesgo la vida del bebé.
Confundir ambas condiciones puede retrasar el manejo adecuado, pues una fórmula o un producto “sin lactosa” todavía puede contener la proteína que provoca la alergia.
Por esta razón, Colgahnp hace un llamado a las familias para que no cambien la alimentación del bebé por cuenta propia y consulten a un profesional de la salud ante cualquier sospecha.
“La intolerancia a la lactosa y la alergia a la proteína de la leche de vaca son condiciones diferentes. Primero debemos entender que la leche materna y las fórmulas infantiles son alimentos completos en su composición y seguras para la alimentación de los niños pequeños, tienen los tres macronutrientes (carbohidratos, grasas y proteínas) como vitaminas y minerales.
La lactosa es el principal carbohidrato (azúcar) tanto de la leche materna como de las fórmulas infantiles. Las proteínas de las fórmulas infantiles son derivadas de la leche de vaca. E
ntonces, en la intolerancia a la lactosa ocurre por una disminución de la enzima lactasa y produce principalmente síntomas gastrointestinales, como distensión, gases, dolor abdominal o diarrea.
En cambio, la alergia a la proteína de la leche de vaca es una reacción del sistema inmune digestivo frente a las proteínas de la leche y puede producir manifestaciones gastrointestinales, cutáneas, respiratorias o, en algunos casos, reacciones sistémicas.
Es importante entender que un producto “sin lactosa” puede seguir conteniendo las proteínas de la leche de vaca. Por esta razón, retirar únicamente la lactosa no constituye un tratamiento para la alergia a la proteína de la leche de vaca.
Confundir ambas condiciones puede llevar a cambios innecesarios o inadecuados en la alimentación del niño, retrasar el diagnóstico correcto e incluso mantener la exposición al alérgeno que genera inflamación del intestino y enfermedad.
Por ello, no se recomienda cambiar la fórmula ni realizar restricciones en la alimentación del niño pequeño sin una valoración adecuada y una indicación profesional por el pediatra o gastropediatra”, señala la Dra. Diana María Quimbayo, vicepresidenta de COLGAHNP.
¿Cómo se confirma? No existe una prueba casera

El diagnóstico se realiza a partir de la historia del bebé, los síntomas y su relación con la alimentación.
Cuando existe sospecha de APLV, el profesional de la salud puede recomendar retirar temporalmente los alimentos que contienen proteína de leche de vaca, generalmente entre dos y cuatro semanas.
Si el bebé mejora, el médico indicará cuándo y cómo volver a ofrecer pequeñas cantidades para comprobar si los síntomas reaparecen.
La respuesta del bebé durante estas dos etapas permite confirmar o descartar la alergia.
El diagnóstico se realiza a partir de la historia clínica del bebé, los síntomas y su relación con la alimentación.
Cuando existe sospecha de APLV, el profesional de la salud puede indicar retirar temporalmente los alimentos que contienen proteína de leche de vaca, generalmente durante dos a cuatro semanas.
Posteriormente, se realiza la reintroducción o prueba de provocación, siguiendo las indicaciones médicas, para observar si los síntomas reaparecen.
La respuesta del bebé durante estas dos etapas permite confirmar o descartar la alergia.
Por otra parte, los exámenes de sangre, de piel o de materia fecal no permiten confirmar o descartar la APLV.
Por eso, corresponde al especialista decidir si alguno es necesario, de acuerdo con los síntomas y el tipo de reacción presentada.
Es importante que las familias no retiren ni vuelvan a ofrecer leche o alimentos que la contengan por cuenta propia, especialmente si el bebé ha presentado reacciones rápidas o graves.
Qué hacer mientras llega la consulta
– Llevar un registro de los alimentos consumidos por el bebé o por la madre, si lo está amamantando, indicando la hora del consumo y el momento en que aparecieron los síntomas.
– Tomar fotografías de lesiones en piel o deposiciones inusuales, sin retrasar la atención médica cuando exista una señal grave.
– Llevar un seguimiento de vómitos, deposiciones, alimentación y peso para facilitar la valoración.
– No suspender la lactancia materna ni retirar lácteos de la dieta materna sin indicación y acompañamiento nutricional.
– No reemplazar la leche materna o la fórmula por bebidas vegetales de supermercado; no cubren las necesidades nutricionales de un bebé.
¿Cuándo acudir a urgencias?
La hinchazón de labios o lengua, la dificultad para respirar, el desmayo, deshidratación, convulsiones, la palidez marcada o una reacción rápida que comprometa varios sistemas son señales de alarma.
Ante cualquiera de ellas, se debe acudir de inmediato a un servicio de urgencias.
La APLV hizo parte de la conversación académica del 9º Simposio Colgahnp.
La identificación y el abordaje de la alergia a la proteína de leche de vaca hicieron parte de la conversación académica del 9º Simposio Colgahnp 2026, que reunió del 17 al 19 de septiembre a especialistas en gastroenterología, hepatología y nutrición pediátrica en el Centro de Convenciones El Tesoro, en Medellín.
El encuentro busca actualizar al personal de salud en temas que impactan directamente la atención y la calidad de vida de niños y familias.
Brindar orientación clara a las familias es fundamental para que puedan reconocer las señales de alerta, consultar oportunamente y evitar decisiones que pongan en riesgo la nutrición del bebé.
Debido a que sus síntomas pueden confundirse con molestias frecuentes durante los primeros meses de vida, algunos casos de APLV pueden pasar inadvertidos o, por el contrario, ser catalogados sin la debida confirmación.
Por esta razón, un diagnóstico oportuno y preciso es clave para proteger el crecimiento, la salud y la calidad de vida de los niños.

