Cali, octubre 15 de 2026. Actualizado: jueves, octubre 15, 2026 15:46
La empresa que terminó transformando la vida de muchas familias
El Cocinerito: una empresa que nació para darle sabor a la vida
En Santander de Quilichao, donde la agricultura y el trabajo de cientos de familias hacen parte de la vida cotidiana, José Ignacio Velasco decidió construir una empresa que tuviera sus raíces en el territorio.
Su propósito no era solamente fabricar alimentos, sino demostrar que desde su tierra natal podía desarrollarse una industria capaz de competir en el mercado nacional y, al mismo tiempo, generar oportunidades para quienes viven en la región.
Así nació Industria de Alimentos El Cocinerito S.A.S., una compañía dedicada a la producción, transformación y comercialización de especias, condimentos y frutos secos, que comenzó sus operaciones en una planta de pequeña escala y que hoy se prepara para dar uno de los pasos más importantes de su historia: la entrada en funcionamiento de una nueva infraestructura productiva.
Detrás de ese crecimiento hay una historia empresarial construida a partir de decisiones, inversiones y aprendizajes, pero también una convicción que ha acompañado a la compañía desde sus comienzos: el desarrollo de una industria puede convertirse en una oportunidad para transformar la vida de muchas familias.
Actualmente, El Cocinerito genera aproximadamente 80 empleos directos y otros 70 indirectos a través de proveedores, distribuidores y aliados comerciales.
Son cerca de 150 oportunidades de trabajo que representan ingresos para hogares del norte del Cauca y que muestran cómo una empresa regional puede extender su impacto mucho más allá de sus instalaciones.
Responsabilidad social
Entre quienes hacen parte de esta historia se encuentran madres cabeza de hogar que han encontrado en la compañía una posibilidad de estabilidad económica.
Para ellas, tener un empleo significa contar con recursos para atender las necesidades de sus hijos, asumir responsabilidades familiares y proyectar su futuro con mayor tranquilidad.
Pero El Cocinerito decidió llevar ese compromiso social más allá de la contratación laboral.
La empresa desarrolla un programa dirigido a madres cabeza de hogar del sector rural, mediante el cual facilita semillas, terreno y asistencia técnica especializada para el cultivo de materias primas.
Durante el proceso, un profesional acompaña a las participantes para fortalecer las prácticas agrícolas y procurar que los productos cumplan con las condiciones de calidad requeridas. Cuando llega el momento de la cosecha, la compañía compra la producción.
De esta manera, las mujeres no solamente reciben apoyo para sembrar, sino que cuentan con una oportunidad de comercialización que les permite obtener ingresos por su trabajo.
Es un modelo que conecta la actividad agrícola con la industria y que busca reducir una de las mayores incertidumbres de los pequeños productores: encontrar quién compre lo que han cultivado.
Una cadena de valor con mucho sentido
La empresa no se limita a adquirir materias primas; también contribuye a crear las condiciones para que algunas familias puedan producirlas.
Esta relación con el campo forma parte de una cadena de valor que incluye pequeños agricultores, proveedores regionales, transportadores, distribuidores, supermercados y clientes industriales.
Cada etapa moviliza actividades económicas y contribuye a fortalecer el comercio del territorio.
En el interior de la planta, las materias primas pasan por procesos de selección, recepción, limpieza, molienda, mezclado y estandarización de fórmulas, antes de llegar al envasado y etiquetado.
Aunque para el consumidor una especia o un condimento pueda parecer un producto sencillo, detrás de cada presentación existe una operación industrial que requiere controles de calidad, trazabilidad y condiciones sanitarias.
La compañía trabaja bajo buenas prácticas de manufactura y cuenta con certificación ISO 22000, relacionada con los sistemas de gestión de inocuidad alimentaria.
Este estándar respalda una estructura de control de riesgos y mejora continua, necesaria para atender las exigencias de los mercados y mantener la confianza de sus compradores.
El mejor aliado
El Cocinerito dirige principalmente su producción a otras empresas.
Sus clientes incluyen hipermercados, supermercados de cadena, establecimientos independientes, distribuidores mayoristas y compañías industriales.
Esa orientación comercial le ha permitido ampliar su presencia en el mercado y consolidar relaciones con organizaciones de mayor tamaño.
Una de las más importantes ha sido Colombina, que se ha convertido en uno de sus clientes estratégicos y en un aliado para fortalecer su desarrollo empresarial.
La relación entre ambas compañías ha trascendido la compra y venta de productos. A través del intercambio de experiencias, conocimientos y buenas prácticas, El Cocinerito ha encontrado oportunidades para revisar sus procesos, mejorar su organización y prepararse para nuevos desafíos.
Esa experiencia se fortaleció con su participación en el programa Big Brother de Colombina, una iniciativa de acompañamiento empresarial que le permitió avanzar en la profesionalización de áreas clave, la estrategia comercial y la proyección de marca.
Para una empresa que nació como un emprendimiento regional, aprender de la experiencia de una organización con una trayectoria consolidada ha significado contar con herramientas para tomar decisiones de crecimiento con una visión más estructurada.
Los resultados de ese proceso hoy se reflejan en uno de los mayores retos de El Cocinerito.
La planta donde ha venido desarrollando sus operaciones alcanzó su máxima capacidad productiva.
Lo que comenzó como una infraestructura de menor escala fue creciendo progresivamente hasta llegar a un punto en el que ya no resulta suficiente para responder a las necesidades de expansión.
Por esa razón, la compañía realizó una inversión estratégica en la construcción de una nueva planta de producción, próxima a entrar en funcionamiento.
Esta infraestructura permitirá aumentar la capacidad de fabricación, ampliar el portafolio de productos y fortalecer los procesos de innovación.
También representa una nueva etapa para una empresa que ha logrado crecer desde Santander de Quilichao sin perder su vínculo con el territorio donde nació.
La decisión de ampliar sus instalaciones es una muestra de confianza en el futuro, pero también implica nuevas responsabilidades.
A medida que crece la producción, se fortalecen las relaciones con proveedores y se abren posibilidades para desarrollar nuevos negocios, aumenta también la importancia de contar con procesos eficientes y una estructura organizacional sólida.
En ese camino, la experiencia adquirida a través del programa Big Brother y el acompañamiento de Colombina han contribuido a preparar a la empresa para asumir desafíos de mayor escala.
Sin embargo, cuando se observa la trayectoria de El Cocinerito, su crecimiento no puede entenderse únicamente a partir de la nueva planta, las certificaciones o la ampliación del mercado.
Todos crecen
Su historia también está en las mujeres que encuentran una fuente de ingresos gracias a sus cultivos, en los campesinos que pueden comercializar sus productos, en los trabajadores que sostienen diariamente la operación y en las familias que dependen de esa actividad económica.
José Ignacio Velasco comenzó con la idea de crear una industria en su tierra natal.
Con el paso de los años, aquella iniciativa se convirtió en una empresa que conecta el campo con el comercio y que ha encontrado en el fortalecimiento de sus proveedores y colaboradores una parte fundamental de su crecimiento.
Hoy, mientras se prepara para poner en marcha una nueva planta, El Cocinerito demuestra que el desarrollo empresarial también puede medirse por las oportunidades que se generan alrededor de una actividad productiva.
Porque detrás de cada condimento que llega a una cocina hay mucho más que una mezcla de ingredientes: hay agricultores, trabajadores, madres cabeza de hogar y familias que encuentran en esta empresa una posibilidad de construir su futuro.

