Cali, octubre 16 de 2026. Actualizado: viernes, octubre 16, 2026 16:42

Célimo Sinisterra

¿El “descubrimiento de América” o invasión de los europeos?

Célimo Sinisterra

Durante siglos, la historia oficial nos enseñó que el 12 de octubre de 1492 fue el día del “descubrimiento de América”.

Así lo aprendimos en las escuelas, lo repetimos en los libros y lo escuchamos en discursos oficiales.

Sin embargo, con el paso del tiempo y una mirada más crítica sobre nuestra historia, surge una pregunta inevitable: ¿realmente América fue descubierta?

La respuesta depende de quién cuente la historia.

Cuando Cristóbal Colón llegó a estas tierras en 1492, América no era un territorio desconocido ni estaba deshabitado.

Desde mucho antes de la llegada de los europeos, millones de hombres y mujeres habían construido sociedades, culturas, sistemas políticos, conocimientos científicos, formas de organización comunitaria y profundas relaciones con la naturaleza.

En este continente habitaban pueblos como los taínos, mexicas, mayas, incas, muiscas, caribes, mapuches, quechuas, aymaras y cientos de comunidades indígenas más.

Eran pueblos con sus propias lenguas, creencias, autoridades, sistemas agrícolas y conocimientos sobre medicina, astronomía y arquitectura.

Por eso, hablar simplemente de “descubrimiento” puede ser motivo de controversias y discusiones. Nadie puede descubrir una tierra que ya está habitada por seres humanos.

Todo este proceso se subdivide en seis partes: por un lado, la época del descubrimiento; luego, la conquista, la colonia, época indígena, época hispánica y, luego, época republicana.

Lo que ocurrió en 1492 fue, en realidad, el inicio de un proceso de conquista, colonización y transformación profunda de las sociedades que existían en este continente.

A su llegada a lo que hoy es República Dominicana y Haití, los mal llamados conquistadores, que en realidad eran en su mayoría reos condenados a cadena perpetua por el gobierno español, sometieron a los indios taínos, preñaron a las indias y les transmitieron enfermedades como la salmonela, enfermedades de transmisión sexual que a muchos les causaron la muerte.

El encuentro entre Europa y América cambió para siempre la historia mundial, pero sus consecuencias no fueron iguales para todos.

Para los europeos significó la apertura de nuevas rutas, territorios y riquezas.

Para los pueblos originarios significó, en muchos casos, la pérdida de sus territorios, el sometimiento, la violencia, la imposición cultural y religiosa y la disminución dramática de sus poblaciones debido a las guerras, los trabajos forzados y las enfermedades introducidas desde Europa.

Pero existe otra historia que tampoco podemos olvidar: la historia africana que llegó posteriormente a América bajo la condición de esclavitud.

La conquista y colonización dieron paso a uno de los procesos más dolorosos de la historia de la humanidad: la trata transatlántica de africanos esclavizados.

Millones de hombres, mujeres y niños fueron arrancados de sus comunidades, separados de sus familias y trasladados por la fuerza hacia América en una experiencia llamada malungaje.

Así, la historia de América no puede contarse únicamente desde la perspectiva de los conquistadores.

También debe contarse desde la voz de los pueblos originarios, de los africanos esclavizados y de sus descendientes; desde quienes resistieron, sobrevivieron y contribuyeron a construir las sociedades americanas.

Es preciso recordar que, con la llegada a América de negros esclavizados, también llegaron unas culturas que poco a poco fueron extinguidas, principalmente por la Iglesia, que desde el primer momento obligaba a los indios y negros a someterse al cristianismo.

Uno de los casos más relevantes de resistencia a esa voluntad fue la del cacique Hatuey.

A este hombre los españoles lo ataron a un árbol, prendieron fuego y luego un sacerdote se acerca y le dice que, si quería salvar su vida, tenía que convertirse al cristianismo.

Si lo hacía, al morir iría derecho al cielo.

Entonces, el guerrero cacique le pregunta que si ellos van al cielo, a lo que el cura respondió que sí.

Entonces, Hatuey respondió con voz fuerte y clara: “Pues prefiero ir al infierno para no encontrarme allá con gentes tan malas como ustedes”.

Enseguida, el sacerdote ordenó avivar el fuego y, a corta distancia, indios taínos e invasores europeos veían cómo el cuerpo del líder taíno ardía en el fuego.

Para crear conciencia, el 12 de octubre debería ser una oportunidad para reflexionar y resignificar nuestra historia.

No se trata de borrar a Cristóbal Colón ni de negar la importancia histórica de su viaje.

Se trata de comprender que la historia tiene múltiples protagonistas y que durante mucho tiempo algunas voces fueron colocadas en el centro mientras otras fueron silenciadas.

América no comenzó en 1492. América ya existía y se llamaba Abya Yala.

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