Cali, octubre 19 de 2026. Actualizado: lunes, octubre 19, 2026 14:00

El terremoto puso a prueba su estabilidad económica y la relación con sus clientes

“¿Y si mi empresa se acaba?”: la pregunta que dejó el terremoto en una inmobiliaria de Cali

“¿Y si mi empresa se acaba?”: la pregunta que dejó el terremoto en una inmobiliaria de Cali
Fotos: Archivo particular
lunes 19 de octubre, 2026

Durante 35 años, Multibienes Limitada se dedicó a encontrar hogares para otras personas.

Su trabajo consistía en conectar propietarios con arrendatarios, administrar inmuebles y acompañar decisiones relacionadas con la compra, venta y alquiler de propiedades.

Sin embargo, después del terremoto del 10 de agosto, esta empresa familiar caleña se encontró frente a una situación que nunca había tenido que enfrentar: decenas de viviendas quedaron inhabitables, muchas familias tuvieron que abandonar sus apartamentos y, de repente, la inmobiliaria que durante más de tres décadas había ayudado a otros a encontrar dónde vivir comenzó a preguntarse cómo iba a sostenerse.

Para Melisa Escobar, directora comercial y abogada inmobiliaria de Multibienes, quien relata la experiencia de la compañía, la dimensión de lo ocurrido empezó a hacerse evidente el 11 de agosto, cuando comenzaron a llegar los primeros reportes de propietarios y arrendatarios.

La zona de Cali donde se concentraron algunas de las mayores afectaciones coincidía con uno de los principales sectores en los que Multibienes captaba y administraba propiedades.

Las llamadas se multiplicaron. Había edificios con daños importantes, apartamentos a los que sus ocupantes no podían regresar y familias que necesitaban respuestas inmediatas.

Aunque ninguno de los inmuebles administrados por la empresa estaba en los edificios que colapsaron, varios se encontraban en construcciones con afectaciones que obligaron a evacuar.

En total, cerca de 32 inmuebles tuvieron que ser desocupados, algunos de manera inmediata y otros porque las condiciones de seguridad impedían continuar habitándolos.

Parte de esas propiedades podría recuperarse con reparaciones, pero mientras tanto dejaron de generar los ingresos habituales para sus propietarios y para la inmobiliaria.

El problema no era solamente económico. Detrás de cada inmueble había personas que habían perdido, al menos temporalmente, su vivienda y que esperaban que alguien les explicara qué iba a suceder.

Cuando todos necesitaban respuestas

“¿Y si mi empresa se acaba?”: la pregunta que dejó el terremoto en una inmobiliaria de Cali

Los días siguientes al terremoto fueron especialmente difíciles porque Multibienes quedó en medio de dos angustias distintas.

Por un lado estaban los arrendatarios, preocupados por sus pertenencias, por la imposibilidad de ingresar a sus apartamentos y por la necesidad de encontrar otro lugar donde vivir.

Por el otro, los propietarios, que enfrentaban daños en sus bienes y la incertidumbre sobre los ingresos que dejarían de recibir.

En medio de esa situación aparecieron desacuerdos sobre las responsabilidades de cada parte.

Algunos propietarios esperaban que la inmobiliaria asumiera decisiones y gestiones que legal o contractualmente correspondían a los dueños de los inmuebles, especialmente cuando se trataba de actuaciones frente a las administraciones de conjuntos residenciales.

También hubo confusión sobre los seguros de arrendamiento.

Algunos clientes consideraban que las pólizas contratadas a través de la inmobiliaria cubrían los daños ocasionados por el terremoto, cuando su finalidad era respaldar obligaciones relacionadas con el contrato de alquiler y no asegurar la estructura o los bienes dentro de las viviendas.

Explicar estas diferencias en circunstancias normales habría sido parte de la actividad cotidiana.

Hacerlo frente a personas que acababan de perder la posibilidad de entrar a sus casas resultaba mucho más complejo.

La empatía: el reto

Melisa recuerda que uno de los mayores desafíos fue conseguir que propietarios y arrendatarios comprendieran la situación del otro.

No todos reaccionaron de la misma manera y hubo momentos incómodos, especialmente cuando surgieron desacuerdos sobre el pago de los cánones de arrendamiento.

Según explica, la empresa optó por liquidar los cobros de los inmuebles afectados hasta el último día en que pudieron ser habitados, aplicando el mismo criterio a los casos correspondientes.

Sin embargo, algunos propietarios esperaban recibir el valor completo del mes.

Cada decisión debía tomarse en medio de la emergencia, mientras el equipo respondía correos electrónicos, llamadas y mensajes de personas que buscaban orientación.

“Nosotros tratamos, desde lo más humano y empático, de poder apoyar la situación”, recuerda.

El temor de perder 35 años de trabajo

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Con el paso de los días, cuando disminuyó la urgencia inicial, apareció una preocupación que Melisa no había tenido tiempo de examinar: la supervivencia de su propia empresa.

Perder cerca de 32 inmuebles de la operación significaba una reducción importante de ingresos.

Y aunque Multibienes contaba con una trayectoria de 35 años, ninguna experiencia anterior la había preparado para una emergencia de semejante magnitud.

Entonces comenzó a hacerse preguntas que iban mucho más allá de los daños materiales.

“Si hubiera sido más fuerte, si hubiera más propietarios afectados, ¿qué hubiera pasado con mi empresa? ¿Se acaba mi empresa? ¿Tengo que salir de personal?”.

La posibilidad de tener que reducir su equipo de trabajo o de no poder sostener una compañía construida durante más de tres décadas fue una de las consecuencias que dejó el terremoto.

No se trataba solamente de perder contratos. Era comprender que una empresa aparentemente estable también podía quedar expuesta, de un momento a otro, a una situación que escapaba por completo de su control.

Sin embargo, el orden administrativo y el compromiso de sus colaboradores resultaron fundamentales para enfrentar la crisis.

Aunque la cantidad de solicitudes llegó a desbordarlos, el equipo mantuvo la atención a los clientes y buscó responder a cada situación dentro de sus posibilidades.

La emergencia también produjo un cambio inesperado en la relación con las personas a quienes prestaban sus servicios.

Durante los diez días posteriores al terremoto, Melisa habló con más propietarios y arrendatarios de los que acostumbraba contactar personalmente.

Las conversaciones dejaron de limitarse a pagos, contratos o reparaciones y comenzaron a incluir preguntas mucho más humanas.

“Hola, ¿cómo estás? ¿Cómo te sientes?”, les preguntaba, mientras compartía que ella también había vivido el miedo del terremoto desde un piso alto.

Fue entonces cuando comprendió que estar presente podía ser tan importante como encontrar una solución inmediata.

Volver a construir confianza

Dos meses después del terremoto, Multibienes continúa enfrentando las consecuencias económicas de los inmuebles que salieron de su administración, pero también ha comenzado a recuperar su actividad y observa señales de reactivación en las ventas de propiedades.

La experiencia llevó a la empresa a replantear la manera como se relaciona con sus clientes.

Hoy su prioridad es fortalecer la confianza, explicar mejor el alcance de sus responsabilidades y recordar que una inmobiliaria debe funcionar como un aliado tanto para el propietario como para el arrendatario.

“No somos los malos, ni el propietario es el malo. Es una relación contractual en la que se benefician dos partes”, explica Melisa.

Su reflexión nace de haber descubierto que, en una emergencia, los desacuerdos pueden agravarse cuando las personas no conocen claramente sus derechos y obligaciones, pero también cuando el miedo impide escuchar las necesidades de los demás.

Para ella, la gran lección no estuvo únicamente en aprender a administrar una crisis, sino en comprender el valor de la comunicación, la solidaridad y la cercanía.

Ante todo somos humanos

Multibienes no tuvo que reconstruir una oficina destruida ni recuperar mercancía sepultada entre escombros.

Su desafío fue diferente: sostener una empresa cuyo trabajo depende de viviendas que, de repente, dejaron de poder habitarse, y acompañar a personas que esperaban soluciones en medio de una situación extraordinaria.

Hoy, después de 35 años de trayectoria, Melisa tiene más claro que nunca que administrar propiedades implica también construir relaciones de confianza entre las personas.

“Somos personas, somos humanas y primero está la vida; después ya viene el trabajo”, afirma.

El terremoto dejó cerca de 32 inmuebles fuera de su operación y muchas preguntas sobre el futuro de Multibienes.

Pero también le recordó algo que ninguna escritura ni contrato puede garantizar por sí solo: que cuando una familia pierde la tranquilidad de su hogar, necesita mucho más que una respuesta administrativa.

Necesita encontrar a alguien dispuesto a escucharla.


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